Verano de reflexión

Publicado el 14 Junio 2010
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Qué poquito nos queda para el verano. En apenas unas jornadas lo tendremos aquí. El verano es un periodo muy peligroso en lo cofrade. Se fundan cientos de hermandades, revistas, tertulias y tinglados varios que casi nunca fructifican. Se deben tan solo al calentón del aburrimiento, que bien es sabido que es de los peores enemigos del hombre. Hemos recién finalizado el curso cofrade con una crispación como hace años no se daba. El ambiente no es que esté enrarecido, es que a veces no hay quien respire de tanta tensión y malos rollos. Se han llevado lo suyo los medios, hermandades, Consejo, directores espirituales, Vicario, Obispo… me parece que en esta ocasión no se ha escapado vivo ni el de la escalera. Volvemos a las andadas, a los tiempos de enfrentamientos, disputas y egoísmos que tanto mal han ocasionado a nuestra Semana Santa. Esto no es ya una cuestión de imagen pública, que lo es, sino de salud mental, espiritual y coherencia de actos.

Tenemos sobre la mesa la eterna disconformidad de las Tres Caídas con la Carrera Oficial, problemas de horarios, problemas de faldas, la reforma de los tiempos de paso por carrera oficial, la petición de día de salida por parte de la Sentencia, la petición de cambio de día de Misericordia, el laudo y posterior expediente de Calvario, el veto oportunista y con poco sentido eclesial hacia un aspirante a candidato para hermano mayor de Pasión, … No hay ni una sola buena noticia. De todo lo relatado, o se trata de problemas en acto o en potencia, pero problemas al fin y al cabo. Como consecuencia de todo esto nos encontramos con una imagen pública tremendamente deteriorada, un ejemplo francamente negativo y dificilmente reparable de cara a la formación de los jóvenes, imposibilidad de construir y mejorar porque nuestros dirigentes prefieren ocuparse en tirarse los trastos a la cabeza, y un Obispo que supongo se siente tremendamente decepcionado y desilusionado.

Todavía habrá quien siga mirando para otro lado, pero esto es un auténtico y vergonzoso desastre. Han sido demasiados tristes espectáculos los que hemos dado este curso cofrade en los medios, los plenos, las estaciones de penitencia y en las vidas particulares de las hermandades. Llega el verano pero sigue lloviendo a cántaros en la Semana Santa. Acabaré siendo el pesado de la película, pero no me canso de decirlo: ¿es que nadie va a hacer nada para acabar con esto?

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Se buscan cofrades responsables

Publicado el 15 Abril 2010
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No me gusta nada el ambiente tan feo que está rodeando a nuestra Semana Santa en estos días de celebraciones pascuales. El pasado Domingo de Resurrección celebramos la Pascua del Señor, su paso de la muerte a la vida, pero también se produjo otra pascua, otro paso, desde el disfrute de la vivencia de la Semana Santa al desolador clima de enfrentamientos, tensiones, pulsos y multitud de situaciones totalmente impropias de la naturaleza de las hermandades como asociaciones públicas de fieles que son de la Iglesia Católica. Estamos atravesando por unos duros momentos que parecían ya olvidados hace unos años, pero por lo que se ve las cosas no se habían solucionado para nada. Habíamos barrido dejándolo todo bajo la alfombra, y encima sabíamos que la suciedad ha estado todo el tiempo ahí, se notaba el bulto, pero mirábamos para otro lado. Ahora me acuerdo yo de tantos y tantos cofrades, incluso hermanos mayores y personas con responsabilidades, que siempre responden que la Semana Santa está atravesando un momento excelente, quizá el mejor de su historia. Yo por mucho que miro no encuentro en ningún sitio la excelencia. Ni rastro de ella. Sólo veo espectáculos dantescos, comportamientos de poca categoría humana y dirigentes que se hacen la vida imposible por banalidades, como cuando en el patio del colegio se peleaban por si el mejor era el Madrid o el Barcelona, pero ahora con la maldad y el empeño de las personas adultas.

Muchos de nosotros nos sorprendemos, a veces escandalizamos, por lo que estamos recibiendo a través de los medios de comunicación. Lo peor es que lo que no sale en los medios es aún peor, y créanme que hay bastante. Ante esta situación, que de sencilla tiene bien poco por lo contaminado que ha dejado a la mayor parte del ecosistema cofrade, uno se pregunta si se puede hacer algo. En estos momentos, las personas válidas que están capacitadas de sobra para aportar un cambio están en su mayoría resguardadas en sus casas esperando a que pase la tempestad. Nadie con sentido común es tan necio como para meterse en semejante nido de serpientes a recibir palos por doquier y sin ninguna posibilidad de éxito. Quizá ha llegado el momento, como me comentaba ayer un amigo, de dar un golpe en la mesa y empezar a concienciarnos de que esto no va a cambiar de motu proprio. Hay demasiados intereses para que suceda así. La Semana Santa necesita, a todos los niveles, de personas con otra forma de ver las cosas más ajustadas a lo que se precisa en un colectivo de esta naturaleza. Y cuando digo todos los niveles me refiero a todos y cada uno de los puestos de responsabilidad desempeñados por laicos, si me apuran hasta en algunos medios de comunicación. Se buscan cofrades responsables, razón aquí, en Huelva.

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Responsabilidad

Publicado el 29 Marzo 2010
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Todos los años, cuando llega la tarde del Domingo de Ramos y me adentro por las calles más céntricas, me hago la misma pregunta: ¿de dónde ha salido toda esta gente?. A partir de mañana, y en menor medida casi podríamos decir que desde hoy mismo, bastantes miles de personas tomarán la ciudad durante unos días. Muchísimos onubenses, y un buen puñado de visitantes, saldrán a las calles a disfrutar de nuestras procesiones, nuestros pasos y cortejos. Nuestras cofradías serán el centro de atención y el objeto de miles de miradas y, con los avances tecnológicos, llegarán a las casas de aún más gente a través de la radio, televisión e internet. Cada una de esas personas es una vida, una historia, una experiencia vital más o menos desarrollada a la que este torrente de información para los sentidos no dejará impasible. Si lo miramos de esta forma no podemos dejar de sentir algo de vértigo, pero la verdad es que así de grande es la responsabilidad de los cofrades. Anteayer, en una tertulia televisiva, nos preguntaban sobre qué ofrecemos a todo ese público que participa de la fiesta. Un compañero, con toda la razón, explicaba que una de las aportaciones de las cofradías a todas esas personas es la tantas veces referida catequesis plástica que, de forma pública, desarrollamos acerca de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es indudable que esta catequesis es uno de los pilares en los que basamos nuestras estaciones de penitencia, y probablemente el otro sea el hecho de realizar la estación de penitencia propiamente dicha. Los cofrades hemos de ser conscientes de lo importante de nuestras acciones en esta próxima semana. La cofradías en la calle tienen una importante función, especialmente en estos tiempos tan difíciles, llevando a las calles esas impresionantes fotografías escénicas de la pasión. En estos días en los que es tan complicado hablar de Dios porque, entre otras cosas, o no te dejan o no nos atrevemos, salimos a la calle con todas las consecuencias a mostrarle a tantísima gente el testimonio del sacrificio de Cristo por nuestra Salvación, algo que tras dos mil años aún no somos capaces de comprender en su totalidad. Ojalá cuando tomemos parte en nuestra estación de penitencia o, los más involucrados, cuando tomemos decisiones a lo largo del año para posibilitar el despliegue de colores, olores y formas de las próximas jornadas, seamos conscientes de la gran responsabilidad pastoral que tenemos entre manos, y lo hagamos lo mejor posible para mayor gloria de Dios y su Bendita Madre. Os deseo a todos una buena estación de penitencia, y que disfruteis de la Semana Santa en lo espiritual y lo cultural, con un especial recuerdo a aquellos que por motivos de enfermedad tengan que hacerlo desde su convalecencia en casa o el hospital.

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Quo vadis

Publicado el 22 Marzo 2010
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Los grandes interrogantes que han marcado el pensar del hombre desde que la evolución nos premió con el lujo de razonar han sido, especialmente, aquellos relacionados con el quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. La enorme trascendencia de estos cuestionamientos, unido a que desgraciadamente venimos al mundo sin manual de instrucciones, dificultan que aún hoy se les haya encontrado respuesta. Los cofrades, fiel reflejo de la naturaleza humana, no somos menos y, en ocasiones, en vez de adelantar parece que retrocedemos a la hora de saber lo que tenemos entre manos y actuar en consecuencia. Ya nos fallan hasta los otrora infalibles oráculos sevillanos, que por veteranía y experiencia exportaban involuntariamente su buen hacer por estas tierras. Ahora ya te puedes encontrar por allí a un señor vestido con una túnica morada y cordón dorado, como los cristos, bailando una marcha en una iglesia hasta el punto de desnudarse el torso con el posterior aplauso del propio párroco; o que nombran pregonero a otro señor que en las entrevistas declara perlas como que no va a misa ni se confiesa porque su única religión es el Sevilla F.C., o que no se viste de nazareno porque le da alergia y claustrofobia. El que esto pase no es tan grave como la propia indolencia y hasta defensa como algo normal por parte de un grupo de cofrades que para nada es minoritario. Vivimos en unos tiempos tan dominados por el relativismo moral que ya nada es nada, sino todo lo contrario. La pérdida de sentido en la esencia de las cosas será muy moderno, pero atenta contra las propias cosas y contra el hombre en toda su dimensión. Usamos la creatividad intelectual, no ya para crear y apreciar lo creado, sino para poder ser más que el vecino aunque sea a costa de dejar de ser. Estamos teniendo que discutir cuestiones primarias que siempre se dieron por sentadas como que ser cofrade activamente es incompatible con no ser cristiano. Esto ya cansa y aburre a cualquiera.

En fin, en todo este maremagnum de sinsentidos a veces suena la flauta y suceden hechos excepcionales, por lo que aprovecho para congratularme y felicitar a D. Juan Manuel Gil García por su merecida distinción por parte del programa El Llamador de Canal Sur Radio. No es habitual este tipo de homenajes en Huelva, y con Juan Manuel se podrá estar más o menos de acuerdo, no es persona que deje a nadie indiferente, pero es innegable su valía y enorme aportación al servicio de la Semana Santa y de la Iglesia de Huelva.

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