Nuestra identidad

Publicado el 1 diciembre 2011
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Colaboración correspondiente a la sección de opinión “El Celador” en el boletín informativo de la Hermandad de la Misericordia, de Huelva.

Portada nº 76A lo largo de los años transcurridos desde la fundación de nuestra hermandad hemos tenido la oportunidad de vivir acontecimientos de lo más variopintos. En ocasiones se ha tratado de hitos históricos, momentos muy felices por cuanto significaban para una corporación joven que forjaba su futuro con el esfuerzo y dedicación de muchas personas a lo largo de años. En otros casos las circunstancias nos depararon momentos tristes, problemas que nos pusieron a prueba, auténticos obstáculos en el camino que nos obligaron a diluir nuestras fuerzas para poder atender a tantos asuntos que esperaban solución. Tanto en lo bueno como en lo malo había algo en común: el trabajo de muchas personas que, a lo largo de nuestra historia, desde dentro y fuera de la junta de gobierno que correspondiese, se esforzaron en aportar con su dedicación y sus desvelos todo lo que eran capaces por el bien de la hermandad, máxime cuando todavía hoy podríamos afirmar que se sigue constituyendo por cuanto nos queda por hacer, y casi cualquier decisión aparentemente cotidiana se torna en crítica. Pero ese trabajo no habría servido de nada si no se hubiesen tenido presentes en todo momento los rasgos que, desde el primer día, aun cuando todavía no había más que unas personas en torno a una mesa firmando un acta fundacional, se habían definido como nuestros signos de identidad.

Nuestra hermandad durante años se caracterizó por su humildad, y a la vez por su honradez y claridad de ideas, hasta el punto de que si algo no estaba a nuestro alcance por nuestras limitaciones materiales o humanas, se esperaba lo necesario hasta que llegase el momento propicio para poder hacerlo bien. Se pensaban las cosas el tiempo preciso, puesto que se planteaban con vocación de permanencia indefinida en el tiempo, y se acudía dónde y a quién fuera preciso para lo que fuera necesario. Las prisas nunca nos acompañaron, por muchas carencias que se pudieran presentar. Pero si importante es saber construir, no lo es menos saber mantenerse y crecer. No sólo se trata de evitar que la rutina y el acomodo aparten de nuestra mente las bases de nuestro trabajo, sino de saber transmitírselo a los nuevos hermanos que a lo largo del tiempo se van incorporando. De otra manera, el crecimiento de la hermandad pasaría de ser una bendición a convertirse en un grave problema.

Todo esto lo digo porque a nadie se le escapa que en los últimos tiempos se estaba perdiendo un poco el rumbo pese al esfuerzo baldío, ingrato y solitario de algunos. Parece que los tiempos están cambiando para bien, a Dios gracias, y el trabajo ya está dando frutos. No obstante, debemos ser conscientes de que esto no es una cuestión exclusiva de la junta de gobierno, sino de todos los hermanos. Hemos de tener presente también el momento de oscuridad que acabamos de pasar con la culminación del pasado e insólito proceso electoral. Debemos comprender que el buen funcionamiento de la corporación es cosa de todos, y nuestra participación es importante, la de todos, tanto como hermanos de a pie como en las responsabilidades de gobierno y en sus puestos de confianza en la comisión de orden. Y cuando llegue el momento de tomar decisiones, no olvidemos nunca nuestra propia identidad, y respetemos el trabajo de tantas personas que han dado tanto de sí por el bien de la hermandad, incluso renunciando a muchas cosas por el camino.

Quisiera despedir esta humilde reflexión con un recuerdo a tantos hermanos que nos han acompañado en nuestro camino, y que hoy ya están en presencia del Dios de la misericordia. Ellos pusieron su granito de arena desde dentro y fuera de la junta, compartimos momentos inolvidables, y no podrán conocer en vida a su hermandad plenamente culminada. Su memoria ha inspirado estas lineas, y espero que nos acompañe para siempre.

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Bochorno

Publicado el 5 abril 2011
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Colaboración correspondiente a la sección de opinión “Desde la acera”, en el programa cofrade de Cope Huelva, que se emite los martes a las 19:20.

Se acabó, al menos por el momento. El problema suscitado en el Lunes Santo desde que el pasado curso se promoviera por parte de la Junta del Consejo la reforma general de todas las jornadas, ha sido aplacado casi dos semanas santas después. En una primera instancia pasamos por un laudo incumplido y su posterior sanción ejemplar. Posteriormente, cuando la hermandad que incumplía recapacitó, resulta que seguía sin cuadrar el rompecabezas. Que se lo digan ahora a los que acabaron cesados de su junta de gobierno. Este año se intentó apretar en otra dirección, y otra hermandad es la que parece que ahora se resistía. Tras el nuevo desacuerdo se produce algo insólito. Las hermandades del lunes presuntamente se reúnen de motu propio, sin la participación de la Junta del Consejo, y llegan a un hipotético acuerdo que el Consejo no reconoce como legítimo.

Parece ser que, tantísimos meses de dimes y diretes, apariciones desafortunadas en los medios, y mala imagen generalizada, han desbordado la paciencia de Palacio. La aplicación del derecho el año pasado no fue suficiente para motivar la pronta solución del problema. Ayer, a golpe de báculo, se celebró una reunión en la que se sentaron la Junta del Consejo, la Autoridad Eclesiástica y las hermandades del día. La consigna, según se desprende del comunicado de prensa de la Vicaría General, era que de ahí no se levantaba nadie si no se llegaba a un acuerdo. Y el acuerdo llegó, si es que se le puede llamar acuerdo, puesto que se tomó en última instancia bajo la amenaza del laudo. La cosa se ha calmado, al menos por este año, pero aquí, como la propia Autoridad Eclesiástica reconoce, “queda sin resolver el conflicto horario”, que es de lo que se trataba.

Y ahora digo yo, ¿de verdad tenemos que llegar a estos extremos para ajustar unos horarios? ¿Tanto duele moverse unos minutos, o es que hay algo más que motive las pocas concesiones a la hora de negociar por todas las partes? La responsabilidad de esto, ¿es de una hermandad, de otra, de la Junta del Consejo, de la Autoridad Eclesiástica, o un poco de todos?

Esto de los eternos problemas de horarios en su día me molestaba, después me enfadaba, más tarde me hacía sufrir, ahora me aburre, me abochorna y me averguenza de mi Semana Santa.

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