Puertas adentro
Publicado el 8 Marzo 2010
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Escribo estas lineas con la seguridad de que apenas las leerán aquellos a quienes me dirijo. Y no lo digo porque me pueda sentir rechazado, sino porque precisamente en su naturaleza está el interesarse casi en exclusividad por salir en su hermandad y, como mucho, acercarse a un par de actos de esos de cuando llegan los días más señalados. Sí, a ti me dirijo, hermano de a pie que estos días te pasas por tu casa de hermandad a retirar la papeleta de sitio para poder cumplir con la estación de penitencia. Probablemente te hayas llegado también a alguna conferencia, o a tomar una cerveza con cualquier otro como tú, reviviendo esos recuerdos de cuaresmas pasadas. Cuando te encuentres entre tus hermanos has de tener presente que algunos de ellos llevan esforzándose todo el año, no ya para hacer valer el manido y desproporcionado tópico de 365 jornadas trabajando para el gran día, sino para cumplir con todo un curso de actividades y acciones, todas ellas necesarias, encaminadas siempre a procurar el bien de la comunidad de personas que conforman una cofradía. Entre ese grupo de personas las hay miembros de la Junta de Gobierno y otras muchas que no lo son. Todas ellas al servicio de su corporación, y por tanto también sirviéndote a ti de alguna manera. No olvides que se trata de personas como tú, que por los motivos que sean encuentran tiempo para el servicio desinteresado quitándoselo a su descanso, familia y en ocasiones al propio trabajo. Ten en cuenta que éste es un papel muy ingrato y repleto de sinsabores. Ellos en cambio no esperan tu agradecimiento, pero sí que necesitan de tu comprensión. Tú hermandad, la que sea, tiene siempre las puertas abiertas para los que van a sumar. Tu ayuda siempre es bienvenida, y cuando no sea posible porque tus obligaciones no te lo permiten, has de saber que habrá otros que se encargarán de que la llama no se apague. El servicio a su hermandad es uno de los compromisos más bonitos que puede adquirir un cofrade, ya sea desde dentro o desde fuera de una junta de gobierno, eso no es lo realmente importante. En estos tiempos de desapego religioso nuestras hermandades necesitan muy especialmente de la involucración de sus hermanos en su vida cotidiana, aquí no sobra nadie. Y si por la causa que fuera no estás de acuerdo con las ideas del cabildo de oficiales, siempre puedes optar por presentar una alternativa democráticamente en el próximo proceso electoral. Algunos de vosotros, tras leer esta breve reflexión, quizá veais las cosas con otros ojos la próxima vez que acudais a vuestra casa de hermandad.

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Madurez
Publicado el 1 Marzo 2010
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Nuestra Semana Santa tiene unos rasgos propios que la diferencian de otras foraneas. Unos dicen que las facciones tan peculiares de la imaginería de D. Antonio León Ortega, otros que la forma de andar de los pasos, algunos piensan que por los bellos rincones de la ciudad, los sonidos de nuestras bandas, el estilo de los vestidores,… Me van a perdonar, una vez más, pero en mi modesta opinión si hay algo que caracteriza inequívocamente a la semana mayor onubense es la inmadurez y desconocimiento casi absoluto por parte de todos, dirigentes y cofrades de a pie, de lo que verdaderamente significa e implica la celebración y vivencia todo el año de la Semana Santa con todas las letras. Antes de que el dedo acusador me apunte por osado, me adelanto para ponerme humildemente el primero de la lista de los ignorantes. Digo todo esto a sabiendas de que toda generalización es injusta, y así espero que se me entienda porque también tenemos la suerte de contar con personas preparadas, sensatas, humildes y juiciosas. La cuestión es que son una tremenda minoría, y cada vez hay menos de ellos con ganas de meterse en esta charca de pirañas. El sentido común no falla, a nadie le gusta involucrarse en esta ingrata empresa. Tanto trabajo y sacrificio no compensa cuando te llueven los palos y decepciones por todas lados, ya seas parte en tu hermandad, en el Consejo, o en el clero.
No puede ser que todos los años tengamos broncas y demás espectáculos que nos dejan en evidencia ante nuestros conciudadanos. La gente de iglesia somos otra cosa. Creo que ya está bien de gastar fuerzas en ver quien se lleva el gato al agua para ser más que otros, por envidias infantiles y competencias absurdas. Aquí nos conocemos todos, y estamos hablando de buenas personas en sus vidas privadas y profesionales. Los cofrades no somos unos incapaces y debemos demostrarlo. Tan sólo necesitamos de un cambio de mentalidad. Hemos de ser todos más humildes, que el mundo no empieza con nuestra cruz de guía ni acaba tras la banda del palio, hay mucho más ahí fuera. Reconozco que encontrarse con escritos como este no es agradable, pero tampoco para mí es grato tener que decirlo y no me siento especialmente orgulloso de hacerlo. En cualquier caso, decir la verdad sobre lo que uno percibe no siempre es plato de buen gusto.

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Cuerda para rato
Publicado el 22 Febrero 2010
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Es ya el sexto año desde que estas humildes columnas son publicadas en las cuaresmas con la firma de un servidor de ustedes, gracias a la confianza depositada en mí por parte de los diferentes responsables que ha tenido para tal fin la sección cofrade de El Mundo – Huelva Noticias. En esta ocasión, en lugar de una opinión me apetece compartir unas lineas que se acercan más a un sentimiento, quizá a unas sensaciones. En todo este tiempo he tenido la oportunidad de expresarme con la más absoluta de las libertades, siempre con la firme idea de aportar, ya sean ideas, mejoras, o simples puntos de vista que quisiera pensar que no cayeron en saco roto, puesto que me basta con que a alguno de ustedes, pacientes lectores, les haya podido ayudar a reflexionar sobre aquellas cuestiones de nuestra semana santa que me parecen de interés general, o quizá un poco diferentes a los manidos discursos imperantes. En definitiva, me ha movido desde el inicio el afán de cumplir con mi compromiso de cofrade, por tanto también de cristiano, y ser fiel en todo momento a unos principios consecuentes con lo que somos, enarbolando los fundamentos básicos de caridad cristiana y carácter estrictamente constructivo. No soy precisamente una firma “mediática”, ni tampoco lo pretendo, pero me consta que pese a todo algunas de mis opiniones no han dejado impasible a más de uno. Ciertamente lamento que mis palabras puedan provocar sentirse ofendido a alguien, y más aún cuando ese no es el fin que persigo, pero no puedo hacer más que ratificarme en lo expresado hasta ahora, aunque alguno de mis propios “compañeros” en este mismo medio me haya querido “castigar” con uno de sus artículos; y todo esto lo digo con la calma y la tranquilidad que dan el transcurrir de nueve meses de silencio. Nunca pensé que fuera a hacerme merecedor en modo alguno de tamaño honor.
Agradezco profundamente la confianza que se me ha dado en este diario, no ya desde antes de iniciarse mis colaboraciones, sino desde antes incluso de la fundación del mismo, y no tengo mejor forma de corresponder que continuar escribiendo mis opiniones, en la misma linea que me ha caracterizado hasta ahora, mientras dure esa confianza y siga teniendo algo que decir. Al margen de los momentos menos agradables me quedo con todo lo bueno de estos años, especialmente las felicitaciones y muestras de apoyo por parte de cofrades y sacerdotes admirados y respetados por mí por su impecable trayectoria y sensatez, lo cual me llena de orgullo y una enorme satisfacción. Lo siento mucho si a alguien le molesta, nada más lejos de mi intención, pero a este que está aquí… le queda cuerda para rato.

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Percepciones y anhelos
Publicado el 6 Diciembre 2009
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Corren tiempos de cambios en nuestra Semana Santa, ¿y cuándo no? Un servidor, que aún siendo joven ya está tomando clases en el noble arte de peinar canas, recuerda una Semana Santa cambiante desde que tiene uso de razón. Se incorporan nuevas cofradías, se toman nuevos itinerarios, se aprueban nuevas carreras oficiales que se vuelven a reformar por obras y ruinas varias, se estrenan y recuperan nuevas sedes del Pregón Oficial, la Unión de Cofradías se transforma en el Consejo de Hermandades, nuevos estatutos y sedes provisionales del citado órgano, nuevos colores para los palcos… A veces ni siquiera las propias calles son las mismas aunque sigan en el mismo lugar de siempre. A poco que uno eche la vista atrás se da cuenta fácilmente de que la Semana Santa lleva cambiando toda la vida.
Lo que quizá requiera un análisis sosegado y responsable es la valoración que merecen esos y otros muchos cambios a lo largo de la historia, y si han respondido siempre a una evolución, a una adaptación al contexto del momento, o por contra las motivaciones que los originaron tuvieron más que ver con modas, pulsos personales, afán de notoriedad o simplemente errores de los que no estamos libres ninguno de nosotros. Se aprende del pasado. Es imprescindible para poder forjar un presente que nos ayude a mejorar y consolidar el futuro. La realidad actual de la sociedad y, por qué no, de la propia Semana Santa, impone unas circunstancias y condicionantes que no estaban en su momento. Por contra, hay problemas de siempre que siguen ahí y, o no se han tratado de corregir, o los intentos de hacerlo no tuvieron el éxito requerido.
Muchas voces llevan tiempo diciendo que estamos mejor que nunca, que hay más gente tanto en las calles contemplando las procesiones como involucradas en las cada vez más numerosas hermandades. Probablemente no les falte a estos su parte de razón, pero personalmente no puedo estar totalmente de acuerdo en la conclusión de que por ese motivo estemos mejor que antes. Hemos sufrido un aumento de la participación en lo que podríamos llamar público -pretender contar a toda esta gente como devotos se me antoja utópico-. Son más los cofrades comprometidos por la sencilla razón de que son más las hermandades, pero lo cierto es que todo este aumento de cantidad no ha venido necesariamente acompañado de un crecimiento en la calidad del cofrade.
Por otra parte, cualquiera que esté involucrado en el quehacer diario de una cofradía reconoce que, salvo honrosas excepciones, la mayoría de ellas las llevan adelante entre cuatro gatos. La gente no se compromete, y mucho menos en los tiempos que corren. Tiempos en los que se ha desarrollado una alergia a todo lo que huela a Iglesia o a curas, pero también a lo que tenga que ver con el compromiso o se aparte de aquello que no sea el propio yo. Nuestros párrocos y directores espirituales con frecuencia nos reprochan falta de compromiso eclesial, ignorantes en ocasiones de que la hermandad a veces no puede cumplir con esos principios básicos porque el hermano ya le falla a su cofradía en asuntos más simples como asistir a una gratuita comida de convivencia en la que tan sólo se requiere de su presencia. Como dice un amigo mío, no puede ser uno el que tira el corner y a la vez el que lo remata de cabeza.
Luego están los jóvenes, el futuro, quienes se supone que nos sacarán de estos problemas. Si miramos a la juventud cofrade se aprecia que afortunadamente entra savia nueva, pero ellos están a otras cosas. Nuestros jóvenes en muchos de los casos se encuentran alienados con asuntos menores. Unos disfrutan jugando a jurado de vestidores, otros son geniales contabilizadores de estrenos, y tampoco faltan los que se leen cuatro libros y se creen que aquí todo el mundo estaba equivocado. Mucho hablar y poca flexión del lomo. Algunos de ellos se cansarán, otros obtendrán una formación adulterada que provocará que se cansen en el futuro o que acaben molestos y enfrentados en sus respectivas cofradías. Saber de cofradías también es conocer la realidad de tu hermandad, las problemáticas que la rodean, la dificultad de contentar a las necesidades de la mayoría de hermanos, tener recursos para generar ingresos cuando las cuotas no dan para más, conocer de primera mano el sacrificio que conlleva que un simple boletín llegue a los hermanos en su fecha aun sabiendo que buena parte de ellos ni lo leerán, reconducir un presupuesto anual cuando el Ayuntamiento deja de pagar media subvención… ¿Qué nos quedará de esto? La responsabilidad es de nosotros los mayores.
El objeto de exponer estas cuestiones es el de apartarnos un poco del habitual y exagerado optimismo que caracteriza a las opiniones sobre el estado de nuestra Semana Santa. Lejos de pretender ser pesimista o desalentador no puedo terminar sin antes proporcionar una visión de esperanza para el futuro porque Huelva merece otra Semana Santa más unida y respetuosa con el trabajo de cada una de las hermandades, y jóvenes con una oferta formativa y de ocio que los prepare tanto cultural como espiritualmente para su futuro como cofrades. Merecemos unos medios de comunicación más profesionales a la hora de abordar la información que generamos, y con una actitud menos parasitaria y más justa. Precisamos una carrera oficial más estable sin renunciar a mejorarla, y que se respete la mayoría que existió cuando se definió. No podemos contentarnos con lo que tenemos porque no es sostenible. Está en nuestra mano mejorar las cosas, pero antes hemos de ser conscientes de nuestros verdaderos problemas, aceptarlos y asumirlos para poder trabajar por un mejor futuro.

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