Artificial

Publicado el 26 Febrero 2005
Archivado en El Mundo

Entre el cofrade purista y el más progresista siempre ha existido la clásica discusión acerca de lo que es la tradición y el mero artificio. En cualquier caso, todos ellos convienen en que la tradición se recibe a través de la historia y es lo que le da sabor, autenticidad e identidad propia al movimiento cofrade, quedando relegado todo aquello que no hemos recibido de nuestros antepasados a ser etiquetado con el choquero y simpático término de trochería. ¿Pero donde se encuentra la diferencia entre tradición e invención? Al fin y al cabo todo detalle que consideramos tradicional tuvo su primera vez.

En general, entendemos que toda costumbre, para que cale y consiga estar arraigada en el saber colectivo debe haber pasado anteriormente por la prueba de la causalidad. Si nos remitimos al pasado, resulta que todo hábito que hoy parece vacío, si se le examina aisladamente, tiene origen en alguna causa inicial. Por ejemplo, toda hermandad tiene una insignia que a veces recibe el nombre vulgar de bacalao por su forma característica. En un principio puede parecer un poco ridículo hacer algo así, pero eso nadie se lo cuestiona porque todo el mundo sabe que se trata de la estilización que a lo largo del tiempo ha recibido una bandera con el escudo de la corporación recogida al asta con un cordón. Por cierto, si es una bandera, ¿cómo es que hay cofradías que no la portan como tal?… Volviendo al tema, en nuestra opinión, todo este saber tácito es el que conforma lo que los cofrades conocemos como cánones.

Otra característica que se cumple en mayor o menor medida es la del sentido común. Así, otros muchos detalles que parecen triviales, pese a no tener una causa inicial están cargados de un significado y un simbolismo especial. Volviendo a la práctica nos podemos encontrar con que las procesiones comienzan por algo tan soso como una Cruz de Guía, pudiendo hacerlo con algo más vistoso. Pero resulta que la cruz es uno de los símbolos más importantes del cristiano y nos recuerda que Cristo murió por nosotros. Podemos decir sin temor a equivocarnos que se ha hecho de un símbolo humilde verdaderas obras de arte.

Una vez hecha esta reflexión es motivo de alegría que algunas corporaciones rescaten de la historia detalles y figuras que se perdieron en el pasado. Demuestra que todavía queda gente que cree en el respeto a la auténtica tradición cofrade. Pensamos que esos detalles pueden ser los que le den un toque de distinción a nuestra Semana Mayor, apartándonos de los símiles con otras provincias que por otra parte a veces son inevitables dado que tenemos una raíz común. Aún así añoramos detalles como la jerga propia de los capataces antiguos o la participación de los sacerdotes revestidos de preste cerrando los cortejos. En cambio, uno sigue sin explicarse muchas de las escenas con las que nos encontramos en nuestros desfiles procesionales. Y qué decir de los cultos, en ocasiones con sabor artificial. De todas formas podemos encontrar el consuelo en que si realmente se trata de banalidades el tiempo se encargará de absorberlas hasta que desaparezcan por aburrimiento. O a lo mejor no…

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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