Agua

Publicado el 5 Marzo 2005
Archivado en El Mundo

Afirman los científicos que el agua el indispensable para la vida. Por otra parte, nos ha tocado nacer en una época en la que hemos vivido una muestra de las catástrofes que puede ocasionar. Sabemos que es raro el año en el que los agricultores se enfrentan a grandes pérdidas, ya sea por abundancia o escasez del líquido elemento. Pero vayamos a lo nuestro, que son las cofradías.

Sin duda los anteriores han sido los años más lluviosos para los cofrades en los últimos tiempos. Parece difícil de superar la triste marca de cofradías que se han quedado sin salir o teniéndose que volver antes de lo previsto. En esos momentos tan duros, de poco se acuerda uno del florecer del azahar, las lunas de parasceve o cualquier otra manida expresión bastante empleada en los pregones. Expresiones que nos hacen creer que lo normal, lo habitual, es precisamente la contemplación de las procesiones en mangas de camisa y bajo un sol de justicia. En cambio, mientras estas líneas salen del teclado, a menos de veinte días para el Domingo de Ramos, el panorama es un poco desalentador. Por mucho que uno se esfuerce, parece difícil de imaginar que en tan poco espacio de tiempo nos encontraremos al sol de la tarde contemplando maravillados el paso de un magnífico palio por cualquiera de nuestras calles, o al menos eso esperamos. Poco se puede hacer al respecto más que tener la esperanza de que cambien las tornas y podamos disfrutar de una Semana Santa sin vernos abocados a padecer la lluvia. Por cierto, una puntualización, evitamos referirnos a la lluvia como “mal tiempo” en homenaje a ese buen cofrade que es Julio Marvizón, de quien tantos años hemos estado pendientes como hombre del tiempo, y que afirma sin faltarle razón que la lluvia que estos días nos molesta le puede hacer bien a otras personas, por lo que en general el tiempo no es bueno ni malo.

En fin, dejando a un lado aquello que no podemos controlar, queremos centrar nuestra reflexión en un tema que desgraciadamente la lluvia ha puesto de moda. Indiscutiblemente debemos ser muy respetuosos a la hora de tratar la conveniencia o no de que una hermandad se eche a la calle en función de las adversidades meteorológicas. No es nuestra intención, ni mucho menos, decirle a nadie lo que debe hacer. Ahora bien, no estaría mal analizar brevemente el asunto. La lluvia o la posibilidad de la misma en la práctica no es el único condicionante a la hora de tomar una decisión de este calibre, por otra parte se le unen argumentos como el haber tenido que suspender la Estación de Penitencia del año anterior, la posible presión de algunos hermanos por salir a la calle, el peso de la responsabilidad, las caras ilusionadas de los más pequeños… Todos estos factores podrían influir a la hora de tomar la decisión, pero no debemos olvidarnos de que lo que se pretende conseguir es evitar que la cofradía se moje en la calle. Dos mil cuatro ha sido un año en el que hemos aprendido que ni los partes meteorológicos, ni las tradicionales llamadas a las poblaciones cercanas son infalibles. Por esto, no cabe duda de que a la más mínima amenaza la mejor decisión, aunque nos pese, siempre será quedarse en el Templo. No se trata de acertar, de pensar que si hubiésemos salido nos habríamos mojado o no. Se trata de actuar ante una amenaza que no se puede controlar, y que podría provocar no sólo daños materiales, sino situaciones desagradables e indecorosas.

Dicho esto, no queda más que trasladar nuestros deseos de que volvamos a tener una Semana Santa completa, sin incidentes, y con todo el esplendor y espiritualidad que nuestras hermandades son capaces de transmitir.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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