Nuevo curso
Publicado el 1 Diciembre 2005
Archivado en Boletín Hdad. Misericordia
Comienza un nuevo curso, y desde luego que lo ha hecho de una manera sensiblemente más calmada que la que el destino dispuso para iniciar el anterior. El año pasado nuestra hermandad abrió sus actividades anuales por la puerta grande, con el traslado de nuestros titulares y posterior bendición de la que hoy es la Iglesia del Santo Cristo de la Misericordia y la Casa de Hermandad anexa. Ciertamente una hermandad tan humilde como la nuestra no se enfrenta con asiduidad con retos de este calibre a lo largo de su historia más que en ocasiones muy puntuales y excepcionales. Quiso el destino, la Divina Providencia y el esfuerzo de un puñado de almas que fuera así, y nos damos por satisfechos por cuanto hemos ganado, y por la potencialidad que ahora encierra esta corporación de cada a poder crecer en todos los aspectos posibles durante muchos años.
Con lo que no contábamos la mayoría, o quizá no tantos como ahora, es con la verdadera dimensión de las consecuencias que se desprenden de lo celebrado aquella mañana histórica del 31 de octubre de 2004. Este hito ha supuesto en la práctica un auténtico ciclón que ha removido a la cofradía desde los cimientos para que se replantee de nuevo todos sus esquemas. En alguna ocasión he usado el símil del árbol que cuando es sacudido por el viento y la tormenta pierde las hojas secas, pero también deja caer el buen fruto maduro. No cabe duda de que la vida de la hermandad ha cambiado. Aún nos estamos adaptando a ello, tanto desde la propia convivencia como al gobierno de la institución. Ésto lógicamente provoca fricciones, errores e imprecisiones propias de las circunstancias. Por ello quizá se deba apelar a la comprensión de los hermanos mientras no se asienten las nuevas rutinas, las pautas de funcionamiento de una hermandad infinitamente más grande que hace un año, aunque la nómina de hermanos sea prácticamente la misma.
Ha sido un año plagado de novedades. Nada de lo que se ha hecho ha podido asentarse en las bases del cómo se ha organizado en años anteriores. Los problemas logísticos han sido descomunales. Por contra, y para darle un poco más de dificultad, las actividades lógica y afortunadamente han sido muchas más que las habituales. Con todo y con eso, uno se queda con la sensación de que se puede mejorar, y se están poniendo los medios para que así sea. Nuestra corporación nazarena ha cumplido en apenas veintitrés años de existencia con más objetivos (y estos de mucha más calidad y complejidad) que los habituales en la gran mayoría cuando han pasado por nuestras circunstancias de juventud. Lo que debe alegrarnos y motivarnos a la vez es nuestro grado de autoexigencia, que nos alienta para que no nos demos por satisfechos nunca y nuestros objetivos siempre superen a los anteriores, por muy descabellados que puedan parecer.
Como dijo una vez un jóven palestino, pobres de nosotros si enterramos nuestros talentos pensando que el amo va a contentarse con que se los devolvamos tal cual nos los dejó…

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