Ante el laicismo insultante

Publicado el 4 Marzo 2006
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De un tiempo a acá se nota un acentuamiento en la crítica barata de la sociedad en general a todo lo que huela un poco a iglesia. Parece claro que en la mayoría de las ocasiones se trata de comportamientos injustificados e irrespetuosos. No está de moda ser católico, incluso me atrevería a decir que en ocasiones es algo arriesgado y molesto para los demás. Todos hemos nacido libres para elegir nuestras creencias, sean de la índole que sean, con la garantía del respeto de los demás a la opción personal de cada uno. Al menos eso es lo que se espera de un estado de derecho del siglo XXI. En cambio, los católicos estamos enfrentándonos a diario con la obligación de soportar burlas a la iglesia católica por todas las formas posibles: programas de televisión, prensa en general, cine, compañeros de trabajo, algunas amistades, declaraciones de muchos de nuestros políticos… El denominador común a todas estas expresiones suele ser una falta de respeto generalizada, y en gran medida el desconocimiento de lo que se dice.

No estoy de acuerdo con los extremos. Ni me parece bueno el catolicismo por decreto ni el lacisimo de moda. Tan sólo preferiría que cada uno fuera libre de optar por su propia eleccion personal, máxime cuando se supone que no hace daño a nadie con su forma de actuar. Todavía no conozco la forma de perjudicar a los demás asistiendo a misa, colaborando con las obras sociales y asistenciales de la iglesia, educando y formando niños, o promoviendo la santidad personal mediante las buenas obras.

Todo esto que explico también se aplica a los cofrades. Por el hecho de serlo nos toca aguantar todo el año lo que acabo de mencionar, unido a los tópicos que acompañan a las cofradías. También el cofrade, como católico, debe salir al paso de estas contrariedades de una forma educada y pacífica, pero valiente. No podemos escondernos tras la negación de nosotros mismos ante la más mínima oportunidad. Debemos hacer valer nuestra voz ante los atropellos diarios que estamos sufriendo. Tenemos aún en la memoria reciente el triste espectáculo de los políticos catalanes con la corona de espinas o los anuales episodios de mofa carnavalera. En cambio, ejemplos como las improcedentes y reprochables carícaturas de mahoma hacen levantar una polvareda en todo el mundo. Tan dignos y respetuosos somos unos como otros, y así al menos debemos testimoniarlo nosotros, sin escondernos. De la misma manera que no nos importa salir a cara descubierta en cualquiera de las procesiones del resto del año, tampoco debe avergonzarnos el posicionamiento público ante este tipo de injusticias. Seamos valientes y demos testimonio con nuestro comportamiento de una vez.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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Comentarios

2 Comentarios en “Ante el laicismo insultante”

  1. El_logero dijo el 12 Marzo 2006 a las 2:46
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    Realmente…¿no tenemos nosotros, los cofrades, gran parte de culpa de eso que señalas?

    Mira, Celador: puedo darte cien nombres de cofrades que citarán de carrerilla los títulos de todas las Hermandades de Huelva, sin equivocarse ni en un “Fervorosa”. Puedo nombrarte doscientos cofrades que responderán como un solo hombre cuando les preguntes de quién era tal arcángel turiferario que procesionaba en el costero derecho del antiguo paso, destruído en 1765, de la Hermandad de…que desapareció a principios del siglo XX. Son legión los cofrades que, con los ojos cerrados y sólo palpando, te dirán quién bordó esta toca de sobremanto, o quién ha puesto este rostrillo, o a qué contraguía pertenece esta corbata negra manchada de sudor.

    Pro dime, Celador, ¿cuantos cofrades conoces que sepan, por ejemplo, cuándo y por qué se implantó el alzar la Sagrada Forma y el Cáliz en la misa? (Y cito esto por poner algo que vemos en todas y cada una de las Eucaristías a las que asistimos, por muy raritos o especiales que sean los celebrantes, que esa es otra…)

    Mira, Celador: teniendo, como tienes, mucha razón en lo que dices, has de observar que nosotros, los cofrades, nos estamos tomando de unos años a esta parte esto de la Semana Santa
    más como una especie de lúdica amalgama que como otra cosa: estan y estarán los fanáticos del “Espasa cofradiero”, esos que señalaba antes, que saben todo lo que hay que saber de todas y cada una de las cosas que rodean a la Semana Santa…excepto, naturalmente, de Religión, que eso no cuenta. Están los musicólogos y filarmónicos del “frente trompetero”, para los que la vida es un eterno redoble, un intuir ese solo de clarín. Luego vienen los estetas, los que se perecen por un contraluz, una puesta de sol entre unos varales, una marcha sobre los pies, el aroma del incienso o del azahar…Naturalmente, no podemos olvidar a los del “deporte sacro”, esos que lucen desollones en el occipucio como si fuesen el toisón, y no saben hablar más que de “izquierdos”, “pasoatrás” y cosas así. Estan los que, no siendo nada por sí mismos, no teniendo oficio ni beneficio, toman por asalto una Hermandad, se parapetan en ella y la utilizan como el cangrejo ermitaño a su concha, para que nadie pueda ver lo poquito y blando que hay debajo de la armadura…Y ya ni te hablaré de la nueva plaga, el “cibercofrade”, mezcla o batiburrillo de todo lo anterior con las nuevas técnicas, con el añadido del anonimato de la red.

    Celador, amigo Celador: me está saliendo un comentario muy amargo, lo sé. Pero es que tiene mucho de verdad, y la verdad casi nunca es dulce. Por eso, antes de adormecer nuestra conciencia echando la culpa de esos males que señalas a la soiedad laicista, a los políticos, a la prensa…me temo que tendríamos que echar mano de uno de los pasajes más duros del Evangelio y recordar al Señor cuando dice eso de “No he venido a traer la paz, sino una espada”. Y empezar a dar mandobles por entre nosotros mismos.

    Un abrazo, Celador.

  2. admin dijo el 12 Marzo 2006 a las 17:56
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    Gracias por tus comentarios El_logero.

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