Huelva y la Concepción

Publicado el 15 Marzo 2006
Archivado en El Mundo

Iniciamos una nueva serie de colaboraciones cuaresmales con un tema que no por ser ya algo repetitivo e incluso monótono deja de estar de actualidad. Los Templos en Huelva son pocos, especialmente los centenarios, y como es lógico estos son los que necesitan un mayor cuidado en su conservación. Son ya varios años los que llevamos con el Templo Parroquial de la Purísima Concepción cerrado al culto, y este es un hecho que debe hacernos reflexionar. El precedente más inmediato lo podemos encontrar en la Iglesia de la Milagrosa (que es así como se llama este Templo desde que fue dedicado, le guste o no a algunos), felizmente recuperada, tristemente politizada y lamentablemente puesta ahora en manos de la soberbia y la ingratitud. Varias décadas estuvo cerrada al culto ante la impasividad de muchos y el esfuerzo de pocos. Esto nos enseñó que cuando el edificio a recuperar es una Iglesia la cosa cambia, la losa de la burocracia pesa más y la desidia es generalizada. Y es que en esta ciudad las restauraciones de templos cerrados al culto suelen ser penosos caminos al monte Calvario.

No es momento de entrar en detalles. No procede reabrir heridas que casi no han cicatrizado, pero quisiera precisar que aquí hemos fallado todos. Es cierto que han fallado los políticos y quizá hasta la jerarquía eclesiástica, pero tampoco los onubenses hemos estado a la altura de las circunstancias. Y si digo onubenses, también debemos incluirnos los cofrades, que parece que de la Iglesia de la Concepción sólo nos acordamos cuando nos ponemos a pensar de dónde pueden salir este año los pasos, como si sólo sirviese para tal fin o fuera su finalidad principal. Esta Huelva miserablemente apática que necesita que le pongan por delante un plato de garbanzos en la Punta del Sebo para movilizarse y defender sus intereses, o al menos los que parecen ser sus intereses (que esa es otra historia), ha permanecido impasible ante la amenaza de desaparición de este edificio.

En cambio no faltan motivos precisamente para que se suscite nuestro interés. Es un tópico enorme apelar a razones de índole cultural o sentimental, y no es poco. Pero además hemos de tener presente que los cofrades, y hablo de los cofrades y no de los folclóricos de una vez al año, debemos ser celosos custodios de nuestro compromiso con las necesidades de la Iglesia. Esta vez no se trataba de la hucha del domund, ni de una beca para el Seminario, ni de colaborar con Cáritas. Tan sólo se precisaba que alzáramos la voz reclamando lo que a Huelva le pertenece. De la noche a la mañana le habían arrancado uno de sus pocos edificios emblemáticos, testigo de nuestra historia y parte de la vida de casi todos nosotros. Al menos aún estamos a tiempo de colaborar económicamente con las obras, y me consta que hace mucha falta, pero en ocasiones y en su momento un gesto vale más que el dinero.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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