(In)cultura cofrade
Publicado el 28 Marzo 2006
Archivado en El Mundo
Es evidente que algo está sucediendo. Se nota de forma clara en el ambiente, y no se trata de algo nuevo que nos pueda pillar de sorpresa. Es quizá la consecuencia de una evolución mal encaminada, probablemente por el abandono. Hablo de eso que en algunos círculos se ha venido en llamar la cultura cofrade. No me desagrada el término, pero a veces me dan ganas de anteponerle el prefijo “in”.
Hay una serie de indicios, como pueden ser el escaso trabajo por la formación integral del cofrade, ciertas declaraciones públicas ya sean de dirigentes cofrades o de los mismos profesionales de los medios, el fenómeno de los foros de Internet…Todos ellos, tras ser analizados aunque sea superficialmente, nos llevan a la misma conclusión: hay un déficit generalizado de cultura cofrade. Es posible que en los tiempos que corren, en los que es tan difícil llamarse católico y tan de moda está el laicismo y otras hierbas, no sean precisamente campo abonado para la correcta formación en estos aspectos. Lo que no es tan digerible es que los que precisamente nos llamamos cofrades, aquellos que nos vanagloriamos de una devoción (y por tanto una fe) adulta y madura, no tengamos ni idea en muchos de los casos de dónde estamos.
Se habla mucho acerca de las crisis de juntas de gobierno, de lo difícil que es en muchos casos formar una junta de gobierno de gente comprometida con la causa a la que se une, gente concienciada de lo que conlleva su nuevo compromiso. Esto no es más que la punta del iceberg. Se ha tenido que llegar hasta este escenario para que nos demos cuenta de lo que está sucediendo. También es evidente que se identifica una cierta crisis en las direcciones espirituales. En algunos casos, nuestras corporaciones nazarenas se sienten un poco abandonadas, faltas del buen consejo, de una voz que les anime a preocuparse por la formación de los hermanos. Sea como fuere, unos por otros y la casa sin barrer. La semana pasada hablábamos de las publicaciones cofrades y las tertulias, pero como se puede apreciar no es sólo esto lo que habría que cultivar. Desde esta humilde tribuna animo a todas las partes a que se busquen soluciones a esta situación tan desesperanzadora que nos hace dudar ante el futuro incierto que se avecina. Quizá ha llegado la hora de un encuentro diocesano de hermandades, donde cofradías y clero tengan la oportunidad de unirse un poco más, intercambiar impresiones, unificar criterios, remar en la misma dirección y, lo más importante, diseñar una serie de medidas y un buen plan pastoral para las hermandades que, aunque sea sólo a largo plazo, permita amortiguar esta deriva que nos envuelve.

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