La comunión de los celíacos

Publicado el 14 Julio 2006
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La pasada madrugada, en el programa radiofónico de onda cero “A ver si te atreves”, se trató el asunto de la comunión para los celíacos. La verdad es que ya no sabemos que buscar para sacarle punta a la moda de practicar el “acoso y derribo” contra la Iglesia Católica.

Los celíacos son aquellas personas que no pueden ingerir alimentos que tengan gluten. Es una enfermedad, por cierto muy incómoda, que evidentemente hace merecer a los celíacos el mayor de los respetos. El problema que tenemos entre manos es que, a la hora de comulgar, estas personas no pueden hacerlo de la especie del pan, al estar fabricadas las formas con éste ingrediente.

El motivo de tocar este asunto en el programa fue la noticia de que un sacerdote en una ceremonia de primera comunión, una vez conocido que uno de los niños sufre esta enfermedad, se niega a consagrar una forma sin gluten ofreciéndole a los padres la posibilidad de que su hijo comulgue con la especie del vino. A partir de ahí se produjeron una serie de declaraciones, en especial de un sector de la audiencia que llamaba por teléfono, en la que se atacaba a dicho sacerdote y a la Iglesia por elitista, insolidaria, injusta y algunos califiativos más hirientes.

Deben saber estas personas, que el sacerdote en cuestión no hizo más que cumplir estrictamente lo que está establecido para este tipo de situaciones. La Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española publicó en 2003 un documento en el que exclusivamente se habla de la comunión de los celíacos. De este texto se desprende:

En fin, que de nuevo se es muy injusto con la Iglesia a la hora de criticarla con dureza. No me parece dificil de llevar a cabo que un niño de doce años tenga que apenas mojarse los labios con un sorbo de vino aguado, y más aún teniéndose en cuenta lo que este gesto significa.

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Comentarios

2 Comentarios en “La comunión de los celíacos”

  1. elbloguero dijo el 7 Agosto 2006 a las 10:23
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    Mi querido amigo:

    Le confieso que cuando leí eso de “la comunión de los celíacos”, el corazón me dió un volatín y dos saltos mortales.

    Sea por mi enorme incultura, sea porque en verano estamos acostumbrados a los títulos rimbombantes y de best-seller, el título del artículo me sonaba a algo tremebundo, cosa como “la conjuración de los boyardos” o “el último mohicano”, o algo así, o sea.

    Una vez leido, lo cierto es que, tras sentirme un poquito abochornado por lo inculto que puedo llegar a ser con un poco de esfuerzo, me maravillé de lo presto que hablamos (mal, claro, si no no hablaríamos), de cualquier cosa, desde la más olímpica ignorancia sobre el tema. El pato lo pagan siempre las instituciones, cuando no el lenguaje, cuando no ambos.

    Dicho lo cual, permítame felicitarle por lo documentado de su respuesta, que demuestra que hay personas que saben de qué va el baile, al tiempo que muestra igualmente que la Santa Madre Iglesia ha pensado con mucha antelación en algo que el 99,99 % del resto de los mortales ni siquiera había sospechado.

    Por cierto, permítame una duda: ¿vale el tinto sin alcohol, para aquellos que no quieran/puedan tomarlo?

    un fuerte abrazo.

  2. itziar dijo el 7 Diciembre 2006 a las 0:14
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    Lamento decir que no son injustas las quejas a semejante sacerdote. Si el niño es celíaco, deberá buscar la mejor solución para que pueda seguir tomando parte de la celebración de la eucaristía, y no creo que alcoholizar a un menor sea la forma más razonable ni espiritual de hacerlo. En cuanto a las justificaciones acerca de los ingredientes del pan de la eucaristía: creo conocer la Biblia bastante bien y no recuerdo interés especial acerca de su composición, y mucho menos recetas de cocina. Sé que la Iglesia Católica es tan recta, tan “la única correcta” que ha recibido el inmenso don de pasarse las Sagradas Escrituras por el forro cuando le interesa. Pero aún así, sigo pensando que el bienestar de ese niño y su desarrollo espiritual son decididamente más importantes que absurdos rifirafes dogmáticos que ni siquiera tienen fundamentación bíblica.

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