De la mano de los tiempos

Publicado el 29 Agosto 2006
Archivado en Boletín Hdad. Cinta

Es de sobra conocido por todos que en estas fechas se cumplen cincuenta años desde que Nuestra Señora de la Cinta fuese reconocida oficialmente como Alcaldesa Perpetua de Huelva. Cincuenta años durante los que ha llovido mucho. Los tiempos han cambiado, y de qué manera. Hoy en día, cuando lo “progre” triunfa, ahora que está mal visto profesar públicamente una religión, en especial la católica, no sería tan fácil la concesión de este reconocimiento civil a la devoción por excelencia de nuestra ciudad.

El tan de moda (y posiblemente también mal llamado) laicismo cubre todo lo que huela a católico y a sus valores. En la actualidad, a cada momento presenciamos en nuestro alrededor cómo se están ignorando las raíces católicas de la historia con el afán de instrumentalizarla y rescribirla. Los valores familiares sufren acometidas por todos los flancos posibles, haciéndonos dudar acerca de lo que de familia puede quedarle a los que vengan en el futuro. Los derechos de los no natos son atropellados con brutalidad, tratándose de esta forma a la vida humana como si fuera algo trivial o insustancial. Seguro que reunimos una larga lista de injusticias y barbaridades ante las que no podemos permanecer impasibles.

La Virgen Santísima, la misma que permaneció en pie junto a la cruz de su Hijo, aquella que consiguió reunir en torno a Sí a los discípulos cuando mataron al Maestro y todo se tornó en desesperanza y desilusión, siempre ha estado presente en los momentos delicados. Siempre ha sabido guiar a sus hijos ante los períodos cruciales de la historia del Cristianismo. Pasado todo este tiempo desde la efeméride que ahora celebramos, los hijos de Nuestra Madre de la Cinta deberíamos quizá alzar la cabeza una vez más hacia ella. En ese instante tan sólo sería preciso mirarle a la cara y preguntarle qué necesita de nosotros, fieles comprometidos y eternamente correspondidos por su gracia. Hemos de mirar en nuestro interior y cuestionarnos también a nosotros mismos si, a diario, cada vez que las diferentes situaciones cotidianas nos ponen a prueba, actuamos y pensamos a la altura de las circunstancias como católicos que somos.

No cabe duda que la inercia de los tiempos, las modas, el consumismo y, por qué negarlo, el temor a señalarnos ante nuestros próximos dificultan en gran medida el actuar como corresponde. No es fácil, y el que opine lo contrario se engaña. Encomendémonos a la intercesión de nuestra Madre y Señora de la Cinta para que nos ilumine en nuestras actuaciones y, entre todos, podamos aportar nuestro poquito para cambiar las cosas. Posiblemente éste sea uno de los grandes retos de los cristianos del siglo XXI.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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