El Pregón
Publicado el 24 Marzo 2007
Archivado en El Mundo
Llega por fin la primavera y la cuaresma avanza poco a poco acercándonos a la Semana Santa. Es un tópico de gran calibre, pero no puedo evitar mencionar eso de que hace tan pocas fechas era Miércoles de Ceniza y ahora, casi sin darnos cuenta, nos encontramos en las vísperas del Pregón. Este domingo, que la tradición cofrade hace llamar de Pasión, es el del anuncio oficial de la inminente celebración que los cofrades hacemos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La del Gran Teatro es una cita tradicional sobradamente consolidada una vez hemos conseguido dejar atrás el peregrinar entre cines y otros sucedaneos que, con tanto trasiego, hacían de este acto algo que tenía más pinta de vía crucis de largas y anuales estaciones.
El Pregón de la Semana Santa es, de largo, el evento cofrade que más se mide. Mira que somos especiales los cofrades, que hasta contamos cuántas veces se aplaude al pregonero. No nos contentamos con llevar la estadística de aquellos que han merecido el honor de ponerse ante el atril, sino que además los cronometramos en sus intervenciones; y es que ha habido algún caso aislado en el que los presentes hemos salido del recinto con alguna cana más que con las que entramos. Dicho sea de paso que subirse junto a ese atril tiene un gran mérito y es un toro que la mayoría nunca nos atreveríamos a matar.
En esa edición, y centrándonos en lo que nos ocupa, la responsabilidad ha recaído sobre los hombros de D. Eduardo Fernández. Poco se puede decir de este cofrade onubense que alguien no sepa por cuanto se trata de una persona realmente significativa, no sólo en la Semana Santa, sino en otras muchas facetas de nuestra sociedad. Será una de las escasísimas excepciones en las que un mismo orador dice el pregón por segunda vez. Eduardo es uno de esos pregoneros que, sin hacerlo mal en absoluto pese a la juventud de la primera ocasión, la madurez en lo personal y en lo cofrade le permitirá sin duda hacerlo muchísimo mejor si cabe en esta ocasión. Es por ello que, centrándonos en lo exclusivamente literario y alejándonos de posibles diferencias con su forma de pensar, el de mañana es sin duda un pregón muy esperado y del que se tienen grandes expectativas por todo cuanto el autor ya ha demostrado en esta faceta. El mismo pregonero ha anunciado días atrás en los medios de comunicación que su pregón sorprenderá por su peculiar estructuración, alejada de lo que habitualmente acostumbramos a oír. Por su valentía y determinación no podemos menos que desearle suerte en esta difícil empresa.
Sea como fuere, lo cierto es que a partir de mañana los días serán diferentes. Los preparativos de última hora se llevarán a cabo en cada una de nuestras hermandades y los hábitos de nazareno estarán aireados y listos para planchar. Hasta la hora será diferente por aquello del ahorro energético. Y si alguien por culpa del mismo, se despista y no llega a tiempo a la cita del Gran Teatro, siempre podrá decir aquello tan socorrido de que el pregón ha sido “valiente, comprometido y con mucho evangelio.”

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