El panorama
Publicado el 9 Febrero 2008
Archivado en El Mundo
En esta ocasión, por los caprichos del calendario, el inicio de la Cuaresma nos ha pillado a todos un poco atropellados. El recogimiento propio de este tiempo litúrgico llega casi a continuación de los últimos ecos festivos de una Navidad cada vez más devaluada. Llevamos unos años en los que consecutivamente las lluvias nos están arruinando las estaciones penitenciales de forma sistemática. Por desgracia nos estamos acostumbrando a que esto suceda, y más que por ver si llueve o no, parece que nuestra inquietud ya es por ver a que día o días les toca la desgracia este año. Por si esto fuera poco para enrarecer el ambiente, la antelación con que se nos presenta el Domingo de Ramos previsiblemente nos aportará otro ingrato invitado: el frío. Pero la cosa no queda ahí. Ha querido el destino, por llamarle de alguna manera, que en plena cuaresma se celebren las elecciones generales. En tiempo de recogimiento nos encontramos con la llamada fiesta de la democracia, unos comicios que están propiciando que se difame y ataque públicamente a la Iglesia, incluídos por tanto los cofrades. Vivimos una época en que la libertad religiosa está más indefensa de lo que oficialmente se nos vende, y el intrusismo político se usa como arma ante lo que no es más que la libertad de expresión de nuestros pastores, que cumplen su obligación de guías, no sólo espirituales, sino morales ante el Pueblo Cristiano. Parece que no hay forma de que estos señores entiendan que nuestros obispos son ciudadanos libres, y por tanto libres también de expresarse ante sus diocesanos en las materias que crean oportunas. Yo creo que más bien no quieren entenderlo. De todas formas, por tiempos peores se ha pasado, y nadie va a silenciar nuestra voz. Nadie dijo nunca que ser cristiano fuera a ser fácil.
Otro ingrediente que se nos ha presentado, por sorpresa y con toda la intención, ha sido el inicio del proceso de reforma de los Estatutos del Consejo. Este texto que, junto a las llamadas “Normas Diocesanas” vienen a ser, y salvando las distancias, algo así como la “Constitución del Cofrade”, no puede tratarse de esta manera. Tenemos tristes precedentes como para pretender gestionar el asunto así. No es nada correcto que el borrador de los estatutos no salga del Pleno, las hermandades, verdaderos sufridores de este ordenamiento jurídico y por ello conocedores de sus carencias y necesidades. No es de recibo que los hermanos mayores no puedan más que limitarse a presentar alegaciones durante un periodo de 20 días, mayoritariamente cuaresmales, cuando más ocupado se está en otras cuestiones. Hay todo un año para dedicarse a estos asuntos, que no deben estar condicionados por la premura de un fin de mandato. Que nadie se queje después si no se aprueban. Que los cambios sean pocos no significa que no puedan ser importantes, o inoportunos.
El panorama con que se nos presenta la presente Cuaresma podríamos resumirlo como enrarecido y, en breve, crispado. Acabamos de empezar y ya nos vemos así. Veremos como acabamos, porque aquí últimamente estamos la mayoría del tiempo en todo menos en lo que tenemos que estar.

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