La hora
Publicado el 15 Marzo 2009
Archivado en El Mundo
Es fácil caer en el cambio por el cambio, especialmente en estos tiempos en los que cada vez se respetan menos las tradiciones y las costumbres, pasando si es preciso por encima del cadáver del buen gusto y el sentido común. Continuamente se repite la historia con personas que se creen salvadoras de la patria y se inventan problemas donde no los hay para posteriormente aportar su solución magistral. No creemos que sea éste el caso aunque lo manido de la cuestión favorezca que sea fácil caer en dicho prejuicio. Un breve análisis de la realidad de la organización de nuestra Semana Santa en lo que a la ordenación de horarios e itinerarios se refiere nos lleva a la conclusión de que existen asignaturas pendientes, muchas de las veces cogidas con alfileres. Parece menos complicado dar un rodeo que resolver el problema de raíz. La predisposición generalizada que nuestras hermandades suelen tener a la hora de resolver un problema suele ser buena, pero siempre que la historia no vaya con uno mismo. No tenemos reparos en que se cambien cosas en otros días, incluso en otras hermandades de nuestro mismo día, pero a la nuestra que la dejen como está porque… (use aquí el lector la expresión que prefiera, generalmente son banalidades).
Desde el Consejo, y parece ser que también por parte de la autoridad eclesiástica, se están emitiendo declaraciones sobre que de una vez por todas se van a apartar a un lado los reparos a la hora de coger el toro por los cuernos. Se pretenden resolver ciertos problemas de una vez por todas buscando la mejor solución posible para las partes afectadas, pero llegando si es necesario a la modificación del orden de paso por carrera oficial y de los horarios en general. Antes o depués a alguien le iba a tocar ponerle el cascabel al gato, y estas cuestiones siempre es mejor atajarlas cuanto antes, máxime cuando estamos hablando de problemáticas enquistadas en el tiempo. Esperamos que estas propuestas sean realmente justas y efectivas, y que encuentren en las hermandades la acogida necesaria para que lleguen a buen puerto. No es de recibo que se mantengan ciertas situaciones por la inflexibilidad de unos pocos hasta el punto de que tengan que llegar a Palacio problematicas que se resumen en una cuestión de 20 minutos. La realidad de nuestra Semana Santa no es la misma que la de hace 25 o 30 años y, sinceramente, un Obispo tiene cosas más importantes que hacer que recibir en su mesa estas trivialidades de patio de colegio.

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