Madurez

Publicado el 1 Marzo 2010
Archivado en El Mundo

Nuestra Semana Santa tiene unos rasgos propios que la diferencian de otras foraneas. Unos dicen que las facciones tan peculiares de la imaginería de D. Antonio León Ortega, otros que la forma de andar de los pasos, algunos piensan que por los bellos rincones de la ciudad, los sonidos de nuestras bandas, el estilo de los vestidores,… Me van a perdonar, una vez más, pero en mi modesta opinión si hay algo que caracteriza inequívocamente a la semana mayor onubense es la inmadurez y desconocimiento casi absoluto por parte de todos, dirigentes y cofrades de a pie, de lo que verdaderamente significa e implica la celebración y vivencia todo el año de la Semana Santa con todas las letras. Antes de que el dedo acusador me apunte por osado, me adelanto para ponerme humildemente el primero de la lista de los ignorantes. Digo todo esto a sabiendas de que toda generalización es injusta, y así espero que se me entienda porque también tenemos la suerte de contar con personas preparadas, sensatas, humildes y juiciosas. La cuestión es que son una tremenda minoría, y cada vez hay menos de ellos con ganas de meterse en esta charca de pirañas. El sentido común no falla, a nadie le gusta involucrarse en esta ingrata empresa. Tanto trabajo y sacrificio no compensa cuando te llueven los palos y decepciones por todas lados, ya seas parte en tu hermandad, en el Consejo, o en el clero.

No puede ser que todos los años tengamos broncas y demás espectáculos que nos dejan en evidencia ante nuestros conciudadanos. La gente de iglesia somos otra cosa. Creo que ya está bien de gastar fuerzas en ver quien se lleva el gato al agua para ser más que otros, por envidias infantiles y competencias absurdas. Aquí nos conocemos todos, y estamos hablando de buenas personas en sus vidas privadas y profesionales. Los cofrades no somos unos incapaces y debemos demostrarlo. Tan sólo necesitamos de un cambio de mentalidad. Hemos de ser todos más humildes, que el mundo no empieza con nuestra cruz de guía ni acaba tras la banda del palio, hay mucho más ahí fuera. Reconozco que encontrarse con escritos como este no es agradable, pero tampoco para mí es grato tener que decirlo y no me siento especialmente orgulloso de hacerlo. En cualquier caso, decir la verdad sobre lo que uno percibe no siempre es plato de buen gusto.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
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