Responsabilidad
Publicado el 29 Marzo 2010
Archivado en El Mundo
Todos los años, cuando llega la tarde del Domingo de Ramos y me adentro por las calles más céntricas, me hago la misma pregunta: ¿de dónde ha salido toda esta gente?. A partir de mañana, y en menor medida casi podríamos decir que desde hoy mismo, bastantes miles de personas tomarán la ciudad durante unos días. Muchísimos onubenses, y un buen puñado de visitantes, saldrán a las calles a disfrutar de nuestras procesiones, nuestros pasos y cortejos. Nuestras cofradías serán el centro de atención y el objeto de miles de miradas y, con los avances tecnológicos, llegarán a las casas de aún más gente a través de la radio, televisión e internet. Cada una de esas personas es una vida, una historia, una experiencia vital más o menos desarrollada a la que este torrente de información para los sentidos no dejará impasible. Si lo miramos de esta forma no podemos dejar de sentir algo de vértigo, pero la verdad es que así de grande es la responsabilidad de los cofrades. Anteayer, en una tertulia televisiva, nos preguntaban sobre qué ofrecemos a todo ese público que participa de la fiesta. Un compañero, con toda la razón, explicaba que una de las aportaciones de las cofradías a todas esas personas es la tantas veces referida catequesis plástica que, de forma pública, desarrollamos acerca de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es indudable que esta catequesis es uno de los pilares en los que basamos nuestras estaciones de penitencia, y probablemente el otro sea el hecho de realizar la estación de penitencia propiamente dicha. Los cofrades hemos de ser conscientes de lo importante de nuestras acciones en esta próxima semana. La cofradías en la calle tienen una importante función, especialmente en estos tiempos tan difíciles, llevando a las calles esas impresionantes fotografías escénicas de la pasión. En estos días en los que es tan complicado hablar de Dios porque, entre otras cosas, o no te dejan o no nos atrevemos, salimos a la calle con todas las consecuencias a mostrarle a tantísima gente el testimonio del sacrificio de Cristo por nuestra Salvación, algo que tras dos mil años aún no somos capaces de comprender en su totalidad. Ojalá cuando tomemos parte en nuestra estación de penitencia o, los más involucrados, cuando tomemos decisiones a lo largo del año para posibilitar el despliegue de colores, olores y formas de las próximas jornadas, seamos conscientes de la gran responsabilidad pastoral que tenemos entre manos, y lo hagamos lo mejor posible para mayor gloria de Dios y su Bendita Madre. Os deseo a todos una buena estación de penitencia, y que disfruteis de la Semana Santa en lo espiritual y lo cultural, con un especial recuerdo a aquellos que por motivos de enfermedad tengan que hacerlo desde su convalecencia en casa o el hospital.

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