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	<title>El Celador &#187; Boletín Hdad. Misericordia</title>
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	<description>Artículos y colaboraciones de Rafael A. López Verdejo</description>
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		<title>El fin de un ciclo</title>
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		<pubDate>Wed, 31 May 2006 22:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Celador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Boletín Hdad. Misericordia]]></category>

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		<description><![CDATA[Corresponde éste con el tradicional número de junio que se hace coincidir aproximadamente con la celebración de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. En esta oportunidad quiere el calendario que preceda al fin del mandato de la actual Junta de Gobierno. Se acerca por tanto la fecha del Cabildo Ordinario de Elecciones, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Corresponde éste con el tradicional número de junio que se hace coincidir aproximadamente con la celebración de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. En esta oportunidad quiere el calendario que preceda al fin del mandato de la actual Junta de Gobierno. Se acerca por tanto la fecha del Cabildo Ordinario de Elecciones, y acaba un ciclo.</p>
<p>Como es de suponer, el fin del mandato del actual Hermano Mayor es motivo más que suficiente para que un servidor de ustedes ponga su responsabilidad en manos de la nueva Junta de Gobierno. Por una parte, creo de justicia no condicionar al próximo hermano mayor en la elección del responsable de este boletín. Por otra parte, tengo la firme convicción de que, también para esta humilde publicación, se ha cumplido un ciclo que debe ser continuado por gente nueva, con nuevas ilusiones y un impulso renovado. En total han sido cuatro años como máximo responsable de nuestro boletín, precedidos de casi seis años de colaboración en las labores gráficas con el equipo del anterior director, nuestro hermano Manuel J. Rodríguez Redondo.</p>
<p>En todo este tiempo puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que me quedo con una doble sensación. De un lado, las personas implicadas en la publicación de “Misericordia” han hecho un gran esfuerzo para que cada uno de sus números acuda fiel a su cita habitual, en su fecha, muchas de las veces contra viento y marea. Por otro lado me llevo la sensación de la frialdad, y casi me atrevería a decir que indiferencia, que este medio produce entre el grueso de los hermanos, independientemente de su condición. No obstante, creedme que nunca esto ha sido motivo para plantearme la continuidad del boletín o su razón de ser, pero no por ello ha sido ésta a veces una labora ardua y “a ciegas” al no disponer de las valoraciones de los hermanos, ni de su interés si no ha sido casi exclusivamente para ver si llegaba a tiempo a la imprenta.</p>
<p>En cualquier caso, y como no podía ser de otra forma, me quedo con todo lo bueno que ha supuesto para un servidor el honor de coordinar el órgano de difusión de nuestra hermandad. Le deseo suerte al próximo responsable, así como mi consejo y ayuda si en algo puede ser útil.</p>
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		<title>Nuevo curso</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2005 22:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Celador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Boletín Hdad. Misericordia]]></category>

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		<description><![CDATA[Comienza un nuevo curso, y desde luego que lo ha hecho de una manera sensiblemente más calmada que la que el destino dispuso para iniciar el anterior. El año pasado nuestra hermandad abrió sus actividades anuales por la puerta grande, con el traslado de nuestros titulares y posterior bendición de la que hoy es la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comienza un nuevo curso, y desde luego que lo ha hecho de una manera sensiblemente más calmada que la que el destino dispuso para iniciar el anterior. El año pasado nuestra hermandad abrió sus actividades anuales por la puerta grande, con el traslado de nuestros titulares y posterior bendición de la que hoy es la Iglesia del Santo Cristo de la Misericordia y la Casa de Hermandad anexa. Ciertamente una hermandad tan humilde como la nuestra no se enfrenta con asiduidad con retos de este calibre a lo largo de su historia más que en ocasiones muy puntuales y excepcionales. Quiso el destino, la Divina Providencia y el esfuerzo de un puñado de almas que fuera así, y nos damos por satisfechos por cuanto hemos ganado, y por la potencialidad que ahora encierra esta corporación de cada a poder crecer en todos los aspectos posibles durante muchos años.</p>
<p>Con lo que no contábamos la mayoría, o quizá no tantos como ahora, es con la verdadera dimensión de las consecuencias que se desprenden de lo celebrado aquella mañana histórica del 31 de octubre de 2004. Este hito ha supuesto en la práctica un auténtico ciclón que ha removido a la cofradía desde los cimientos para que se replantee de nuevo todos sus esquemas. En alguna ocasión he usado el símil del árbol que cuando es sacudido por el viento y la tormenta pierde las hojas secas, pero también deja caer el buen fruto maduro. No cabe duda de que la vida de la hermandad ha cambiado. Aún nos estamos adaptando a ello, tanto desde la propia convivencia como al gobierno de la institución. Ésto lógicamente provoca fricciones, errores e imprecisiones propias de las circunstancias. Por ello quizá se deba apelar a la comprensión de los hermanos mientras no se asienten las nuevas rutinas, las pautas de funcionamiento de una hermandad infinitamente más grande que hace un año, aunque la nómina de hermanos sea prácticamente la misma.</p>
<p>Ha sido un año plagado de novedades. Nada de lo que se ha hecho ha podido asentarse en las bases del cómo se ha organizado en años anteriores. Los problemas logísticos han sido descomunales. Por contra, y para darle un poco más de dificultad, las actividades lógica y afortunadamente han sido muchas más que las habituales. Con todo y con eso, uno se queda con la sensación de que se puede mejorar, y se están poniendo los medios para que así sea. Nuestra corporación nazarena ha cumplido en apenas veintitrés años de existencia con más objetivos (y estos de mucha más calidad y complejidad) que los habituales en la gran mayoría cuando han pasado por nuestras circunstancias de juventud. Lo que debe alegrarnos y motivarnos a la vez es nuestro grado de autoexigencia, que nos alienta para que no nos demos por satisfechos nunca y nuestros objetivos siempre superen a los anteriores, por muy descabellados que puedan parecer.</p>
<p>Como dijo una vez un jóven palestino, pobres de nosotros si enterramos nuestros talentos pensando que el amo va a contentarse con que se los devolvamos  tal cual nos los dejó&#8230;</p>
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		<title>Historia de una decisión</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2004 23:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Celador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Boletín Hdad. Misericordia]]></category>

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		<description><![CDATA[Corría un mes cualquiera, una tarde noche como otra. No tenía nada de especial. Tras una larga jornada de trabajo, un puñado de cofrades se encaminaban a su casa de hermandad para celebrar un Cabildo de Oficiales. Cada uno desde un lugar distinto, iba llegando a un ya por entonces destartalado y viejo edificio en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Corría un mes cualquiera, una tarde noche como otra. No tenía nada de especial. Tras una larga jornada de trabajo, un puñado de cofrades se encaminaban a  su casa de hermandad para celebrar un Cabildo de Oficiales. Cada uno desde un lugar distinto, iba llegando a un ya por entonces destartalado  y viejo edificio en la calle Rábida. En la primera de las estancias, se había habilitado una secretaría, sala de juntas y lo que hiciera falta mientras se le daba una salida al edificio. Algún día sería nuestra nueva, flamante y definitiva casa de hermandad, o quien sabe si al final se vendería para poder adquirirla en otro lugar por culpa de las trabas urbanísticas.</p>
<p>Mientras tanto, tan sólo era eso, un viejo edificio que había conocido tiempos mejores y que esperaba resignado su cruel destino. Sus paredes habían sido testigos durante muchos años de la vida comunitaria de los Padres Paúles, del trabajo inestimable que por esta ciudad llevan años haciendo las Hijas de la Caridad, de cómo se le daba de comer al hambriento, de cómo se le daba cobijo al vagabundo, de cómo los chiquillos correteaban por sus patios y aprendían en sus aulas&#8230; Incluso, acogió en su seno hasta no hace demasiado un dispensario, de índole municipal en su última época. Otros, en cambio, lo recordábamos porque en su interior se organizaba el cortejo de la cofradía durante nuestras primeras estaciones de penitencia, en una ruinosa Iglesia de la Milagrosa.</p>
<p>Volviendo al tema que nos ocupa, esos cofrades celebraron su Cabildo sin que sucediera ningún hecho digno de mención. Se trataron los habituales temas ordinarios y que forman parte de la rutina de una Junta de Gobierno. Sin embargo, llegados al turno de ruegos y preguntas, estos hombres (y creo que ya se ha perdido la cuenta de las veces) recibieron la visita del Espíritu Santo. Uno de ellos, en un momento que nunca olvidaré, tomó la palabra y con una decisión atípica ante lo que iba a salir por su boca, y a la vez casi sin creer en lo que estaba diciendo, interrogó: ¿Y por qué no hacemos aquí una capilla? En ese mismo instante, que me pareció eterno, se paró el tiempo. El aire aumetó su densidad, nadie miraba a nadie, sólo barrúntabamos en nuestro interior qué podría suponer lo que nuestro hermano acababa de plantear. El Hermano Mayor, ni corto ni perezoso y haciendo gala del optimismo que le diferencia del resto de los mortales, inició una ronda de opiniones para conocer el parecer de los presentes. Creo que no hace falta seguir para explicar el final de lo que comenzó aquella noche.</p>
<p>Sólo unos pocos privilegiados tuvimos la fortuna de poder vivir aquel momento, ya histórico para la Hermandad de la Misericordia. Pero a partir del 30 de noviembre, muchos seremos los que participaremos de la alegría y de los beneficios que nos aportará toda esta nueva infraestructura. Ojalá que todos los hermanos seamos capaces de estar a la altura de las circunstancias, y podamos hacer de ésta una auténtica hermandad, ahora que por fín podemos contar con los medios adecuados para conseguir nuestros fines, perfectamente recogidos en las Reglas, auténtico ideario del buen cofrade de la Misericordia de Cristo, defensor y propagador de la Inmaculada Concepción de su Bendita Madre.</p>
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		<title>Un día extraño</title>
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		<pubDate>Mon, 31 May 2004 23:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Celador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La mañana del pasado jueves santo fue como muchas otras. Recibimos las visitas institucionales en la parroquia. Los hermanos se congregaban en torno a nuestros titulares, como queriendo estar con ellos en las horas previas a la estación de penitencia. En esta ocasión, nos unía un poco más si cabe la alegría por tener a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mañana del pasado jueves santo fue como muchas otras. Recibimos las visitas institucionales en la parroquia. Los hermanos se congregaban en torno a nuestros titulares, como queriendo estar con ellos en las horas previas a la estación de penitencia. En esta ocasión, nos unía un poco más si cabe la alegría por tener a unos metros nuestro nuevo templo, a escasos meses de ser una realidad. Tras abandonar el templo parroquial, nos dirigimos tal y como hacemos habitualmente a la casa de hermandad para calmar los nervios, charlar y tomar unas habas. Incluso, cómo estas últimas ocasiones, algunos nos acercamos a visitar a la Hermandad del Nazareno, compañera de día y eventualmente de feligresía durante el Jueves Santo. El cielo estaba parcialmente grisáceo, como tantas otras veces. Nada serio, nadie esperaba que este año fuese distinto.</p>
<p>La tarde avanzaba y esta vez, por desgracia, no se trataba de uno de los tres jueves en los que más reluce el sol. Algunos nos encontrábamos por la calle y con las miradas reconocíamos nuestra extrañeza cuando el primer chaparrón impidió que se desarrollase la tarde del Jueves Santo como habitualmente. Los hermanos nos preguntaban nerviosos qué podría suceder en la madrugada. Sobre las nueve y media de la noche, los primeros miembros de la junta de gobierno hacían acto de presencia en la iglesia, poco se podría hacer.  El  padre D. Pedro Jiménez Valdecantos S.J., uno de los últimos predicadores, se había acercado por allí para animarnos aprovechando su estancia en Huelva. Los hermanos se acercaban y ya nada fue como en años anteriores. Por primera vez en nuestra joven pero densa historia, la cofradía no pudo hacer su pública estación de penitencia, tal y como nos mandan nuestras Reglas desde los orígenes fundacionales, a la Iglesia de la Purísima Concepción y al Convento de las Hermanas de la Cruz. Algunos se vestían de rúan por primera vez. Otros, más veteranos, veían éste como el último e histórico año en el que se procesionaba desde la Iglesia de la Milagrosa.</p>
<p>Sin embargo, en un día tan extraño como aquel, yo destacaría otras cosas aparte de no poder salir a la calle. Me quedo con los momentos vividos en la sacristía, cuando aun en unas circunstancias tan “fáciles”, se notaba el peso de la responsabilidad como pocas veces. Me quedo con esa demostración de madurez que dio la cofradía, desde la Junta de Gobierno con su calmada y sabia decisión de no salir y su capacidad de improvisar un víacrucis al que no le faltó un detalle, hasta a los hermanos allí congregados: nazarenos, costaleros, pajes, monaguillos, servidores, … Todos dieron muestras de un comportamiento ejemplar ante unas circunstancias tan desagradables. La compostura se mantuvo desde principio a fin; el silencio y el recogimiento durante la oración fueron dignos de elogio. Igualmente inesperada fue la multitud que, pacientemente, esperó en las puertas del templo más de una hora para poder entrar y rezarle a nuestros titulares.</p>
<p>Sin duda fue un día raro, pero quizá no tanto por no haber realizado la estación de penitencia por las calles de Huelva, sino porque pese a ello, todos salimos de la iglesia con una sensación de plenitud y satisfacción que difícilmente podría superarse y que quedará en el recuerdo de todos.</p>
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		<title>Rebeldes y polémicos</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jan 2004 23:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Celador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Últimamente nuestra Cofradía está atravesando una situación a la que no ha estado acostumbrada en su joven historia. Diversas circunstancias, entre buenas noticias, problemas o despropósitos ajenos la han colocado constantemente en el candelero cofrade, en la palestra, en el punto de mira de las críticas de los que no saben pero tienen el poder [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Últimamente nuestra Cofradía está atravesando una situación a la que no ha estado acostumbrada en su joven historia. Diversas circunstancias, entre buenas noticias, problemas o despropósitos ajenos la han colocado constantemente en el candelero cofrade, en la palestra, en el punto de mira de las críticas de los que no saben pero tienen el poder de crear opinión; bien por su privilegiada situación en los medios de comunicación –la mayoría de las veces de forma inmerecida y poco cualificada- bien por su “prestigio” como vulgares opinadores en la tribuna de una callejera esquina o una cómoda tertulia de barra de bar, en ambos casos más polémicos y destructivos que otra cosa. Precisamente esto nos ocurre a nosotros, los nazarenos de ruán que humilde y silenciosamente, sin hacer ruido, acompañamos al Santo Cristo de la Misericordia en la madrugada del Viernes Santo, constituyendo de esta forma nuestro único acto público a lo largo del año.</p>
<p>Pero, ¿por qué entonces nos hemos podido ganar esta antipatía? A nadie escapa, hermanos, que cuando se habla de nuestra hermandad hay dos palabras que se repiten con mucha frecuencia: rebeldes y polémicos.  Igualmente, si tenemos la curiosidad de interesarnos del por qué de esas afirmaciones descubrimos que la mayoría de las veces se argumenta con ideas erróneas, equivocadas y atribuidas de forma ilegítima a nuestra corporación. Si defender respetuosamente una idea, y sin hacer daño a nadie, es ser rebelde y polémico, entonces está claro que lo somos. Habitualmente los que hablan de nuestros problemas de horarios e itinerarios de los últimos años lo hacen sin conocer de primera mano el por qué defendemos nuestra postura. Nosotros en cambio, callamos y estamos sufriendo varios años una situación que otros tacharían de insostenible por lo injusta y cruel, tanto por parte de la Junta del Consejo de Hermandades, como de ciertas Hermandades que persiguen vacíos objetivos egoístas sin contar con el daño que le hacen a los demás, y también de otros estamentos que oyen a quien les parece y se dejan asesorar por auténticos “maestros” de la estrategia.</p>
<p>Nosotros en cambio seguiremos haciendo lo que mejor sabemos: trabajar en silencio. Seguiremos con nuestras labores caritativas, de culto y de apostolado como nos mandan nuestras Reglas. Seguiremos con el proyecto que nos absorbe: nuestro nuevo Templo y Casa de Hermandad, que tantas posibilidades nos brindará para poder ampliar y mejorar nuestras actividades al servicio de nuestra parroquia. Seguiremos luchando por recuperar el Triduo a María Santísima de la Concepción. Continuaremos el proyecto de hermandad que hace más de veinte años nos marcaron nuestros fundadores. Todo ello pese a quien pese. Ya pueden seguir retumbando los ecos de las tertulias de bar, o los corros de la calle Concepción. Continuarán en algunos medios de comunicación contando medias verdades. Nosotros, hermanos de la Misericordia con mayúsculas, continuaremos trabajando en silencio. Como sabemos. Haciendo verdadera hermandad. Si así somos rebeldes y polémicos, bendito sea Dios. Al fin y al cabo a Nuestro Señor Jesucristo lo crucificaron hace dos mil años tan sólo por eso, ser rebelde y polémico.</p>
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