Ante S.D.M.
Publicado el 3 Marzo 2008
Archivado en El Mundo
El pasado año fuimos testigos de una importante novedad en la carrera oficial, concretamente en la estación de penitencia comunitaria que todas las hermandades realizan en la Parroquia de la Purísima Concepción. Desde que existe esta norma se había optado por una fórmula en la que el hermano de alguna manera delegaba en la presidencia del cortejo, cuyos miembros, por motivos prácticos, eran los que realmente entraban en el templo a rezar ante S.D.M. Cabe destacar la lógica excepción del viernes santo, puesto que al ser un día en el que el Señor está muerto, el momento de oración no se tenía ante Jesús Sacramentado. Este escenario, como digo, cambió el año pasado. La novedad consistió en que la totalidad de los cortejos entraron en el templo por un itinerario previamente señalado para que todos y cada uno de los hermanos pudieran hacer su estación de penitencia de forma personal, sin limitarse como antes a una oración privada al pasar por la puerta de la iglesia. Mirandolo desde un punto de vista estrictamente del hermano, se trata de una gran solución. Se le da la oportunidad de poder realizar este acto piadoso de una forma totalmente directa.
Sin embargo, el año pasado fue una primera experiencia de la que, como tal, debemos extraer consecuencias y tratar de mejorar en la medida de lo posible. Tenemos como punto de partida que el Sagrario tiene su lugar fijo en su capilla, tal y como lo dicta la liturgia y elementales argumentos prácticos a la hora de la celebración de los días fuertes, especialmente el Triduo Sacro y la posterior Vigilia Pascual. En cambio, el itinerario prefijado por el que los cortejos circulaban en el interior del templo pasaba lo suficientemente lejos del Sagrario como para que el hermano no tuviese visión directa del mismo. Con todo esto quiero decir que, pese a lo aparatoso del cambio, seguimos estando en la misma situación anterior en la que realmente la presidencia del cortejo es quien se acerca a S.D.M. para realizar la estación de penitencia. Por otra parte, no olvidemos que al referirme a todo el cortejo cuando indicaba que se entra en el templo, estaba olvidando intencionadamente a los pasos y sus cuerpos de acólitos. Esto ya no me parece, ni mucho menos, correcto ni por supuesto decoroso. Todos sabemos que el motivo primordial por el que procesionamos las cofradías en la historia moderna no es sino la realización de una estación de penitencia pública; pero no es menos cierto que dicha estación de penitencia se hace acompañando a unas imágenes sagradas a las que les rendimos culto y con las que, especialmente ese día, realizamos una grandísima e importante catequesis pública heredada de nuestros antecesores durante siglos. Sin olvidar que la presencia real de Cristo entre nosotros la constituyen las especies consagradas, y no las imágenes que no son más que objetos sagrados que nos facilitan el acercamiento a lo trascendente, aún así no es nada digno ni pastoralmente decoroso, que se rompa el cortejo procesional dejado abandonadas en la calle a las imágenes, como si fueran un elemento prescindible. Entiendo que la estación de penitencia debe ser una culminación, y las formas empleadas no pueden ser un agente que adultere el sentido de la procesión. Por tanto me parece que, o se entra con todo el cortejo en el templo, algo que me parece imposible por no darse los condicionantes necesarios, o nos quedamos como estábamos, que no era ni mucho menos incorrecto ni indigno. Salvo que a alguien se le ocurra una idea feliz, todo lo que se salga de ahí se me antoja francamente inadecuado.

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