Ya llegó

Publicado el 12 Marzo 2005
Archivado en El Mundo | Comentar

Parece mentira cómo pasa el tiempo. Ayer recordábamos que ya ha transcurrido un año desde los terribles atentados de Madrid. Casi doce meses desde que la última de nuestras cofradías volviera a su Templo, desde que alguna que otra se quedara sin salir… Parece mentira, pero mañana volveremos al Gran Teatro para oír el Pregón. Rafael Prada Sierra será en esta ocasión el encargado de anunciarnos la llegada de la Semana Santa, emocionándonos y transmitiéndonos sus vivencias de buen cofrade como sólo él sabe hacerlo. Hay ocasiones en las que desear suerte puede resultar embarazoso y hasta de mal gusto. Esta creo que es una de ellas, puesto que a Rafael no le hace falta la suerte para convertir el Domingo de Pasión en una jornada inolvidable que a buen seguro nos dejará un grato recuerdo para siempre.

No deja de ser curioso que conforme nos hacemos mayores es como si el tiempo transcurriese más rápido. Ya no corre, vuela. Atrás quedan los largos meses de verano, repletos de proyectos e ilusiones para el próximo año. Quién no se ha hecho alguna vez propósito de enmienda junto la sombrilla. Pues los días que más esperamos a lo largo del año ya llegaron. Durante una semana, ojalá que el tiempo no lo impida, saldrán nuestras cofradías a la calle para realizar sus respectivas estaciones de penitencia. Los niños se ilusionarán con sus tambores de juguete, pidiendo cera o vestidos de nazareno. Nuestros mayores se emocionarán ante la falta de los que ya no están o con el recuerdo de tiempos más difíciles. Qué días estos de recuerdos. Qué de trabajo estos meses. Nuestras bandas se han dado la paliza anual contra viento y marea para poder darles a nuestros titulares lo mejor que su arte es capaz de ofrecer. Nuestras bordadoras han continuado dando puntadas de cariño a esas obras titánicas y nos aventuraríamos a decir que heroicas por cuanto de mérito les corresponde. Tantas y tantas personas que han ofrecido su trabajo durante el resto del año para que todos podamos disfrutar en estos días con el máximo esplendor. Ya habrá tiempo de hacer balance. Ahora se trata de vivir estos días lo más intensamente que podamos, recreándonos en cada minuto, saboreando en cada esquina, con cada chicotá, esos momentos cofrades irrepetibles. Y es que aun repitiendo al año siguiente el lugar, la hora y la cofradía, no será lo mismo. El momento cofrade no se busca, llega sólo de la mano de la saeta espontánea, o entre las notas de esa marcha antigua que no oías desde pequeño. El momento cofrade es caprichoso, igual se oculta en el sonido de las bambalinas que tras el rachear silencioso de los costaleros en una cofradía de cola. Cada uno tiene los suyos, a cada cuál le da el pellizco en su momento. Lo importante es que nuestra mejor semana ya llegó. Ya se oye en toda Huelva el rechinar de las puertas de la Mayor de San Pedro. Ya sale la cruz de guía.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Comparte esta entrada en menename Comparte esta entrada en digg Comparte esta entrada en delicious Comparte esta entrada en technorati Comparte esta entrada en blinklist Imprimir Imprimir

Agua

Publicado el 5 Marzo 2005
Archivado en El Mundo | Comentar

Afirman los científicos que el agua el indispensable para la vida. Por otra parte, nos ha tocado nacer en una época en la que hemos vivido una muestra de las catástrofes que puede ocasionar. Sabemos que es raro el año en el que los agricultores se enfrentan a grandes pérdidas, ya sea por abundancia o escasez del líquido elemento. Pero vayamos a lo nuestro, que son las cofradías.

Sin duda los anteriores han sido los años más lluviosos para los cofrades en los últimos tiempos. Parece difícil de superar la triste marca de cofradías que se han quedado sin salir o teniéndose que volver antes de lo previsto. En esos momentos tan duros, de poco se acuerda uno del florecer del azahar, las lunas de parasceve o cualquier otra manida expresión bastante empleada en los pregones. Expresiones que nos hacen creer que lo normal, lo habitual, es precisamente la contemplación de las procesiones en mangas de camisa y bajo un sol de justicia. En cambio, mientras estas líneas salen del teclado, a menos de veinte días para el Domingo de Ramos, el panorama es un poco desalentador. Por mucho que uno se esfuerce, parece difícil de imaginar que en tan poco espacio de tiempo nos encontraremos al sol de la tarde contemplando maravillados el paso de un magnífico palio por cualquiera de nuestras calles, o al menos eso esperamos. Poco se puede hacer al respecto más que tener la esperanza de que cambien las tornas y podamos disfrutar de una Semana Santa sin vernos abocados a padecer la lluvia. Por cierto, una puntualización, evitamos referirnos a la lluvia como “mal tiempo” en homenaje a ese buen cofrade que es Julio Marvizón, de quien tantos años hemos estado pendientes como hombre del tiempo, y que afirma sin faltarle razón que la lluvia que estos días nos molesta le puede hacer bien a otras personas, por lo que en general el tiempo no es bueno ni malo.

En fin, dejando a un lado aquello que no podemos controlar, queremos centrar nuestra reflexión en un tema que desgraciadamente la lluvia ha puesto de moda. Indiscutiblemente debemos ser muy respetuosos a la hora de tratar la conveniencia o no de que una hermandad se eche a la calle en función de las adversidades meteorológicas. No es nuestra intención, ni mucho menos, decirle a nadie lo que debe hacer. Ahora bien, no estaría mal analizar brevemente el asunto. La lluvia o la posibilidad de la misma en la práctica no es el único condicionante a la hora de tomar una decisión de este calibre, por otra parte se le unen argumentos como el haber tenido que suspender la Estación de Penitencia del año anterior, la posible presión de algunos hermanos por salir a la calle, el peso de la responsabilidad, las caras ilusionadas de los más pequeños… Todos estos factores podrían influir a la hora de tomar la decisión, pero no debemos olvidarnos de que lo que se pretende conseguir es evitar que la cofradía se moje en la calle. Dos mil cuatro ha sido un año en el que hemos aprendido que ni los partes meteorológicos, ni las tradicionales llamadas a las poblaciones cercanas son infalibles. Por esto, no cabe duda de que a la más mínima amenaza la mejor decisión, aunque nos pese, siempre será quedarse en el Templo. No se trata de acertar, de pensar que si hubiésemos salido nos habríamos mojado o no. Se trata de actuar ante una amenaza que no se puede controlar, y que podría provocar no sólo daños materiales, sino situaciones desagradables e indecorosas.

Dicho esto, no queda más que trasladar nuestros deseos de que volvamos a tener una Semana Santa completa, sin incidentes, y con todo el esplendor y espiritualidad que nuestras hermandades son capaces de transmitir.

Copyright © Rafael A. López Verdejo
Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Comparte esta entrada en menename Comparte esta entrada en digg Comparte esta entrada en delicious Comparte esta entrada en technorati Comparte esta entrada en blinklist Imprimir Imprimir

Artificial

Publicado el 26 Febrero 2005
Archivado en El Mundo | Comentar

Entre el cofrade purista y el más progresista siempre ha existido la clásica discusión acerca de lo que es la tradición y el mero artificio. En cualquier caso, todos ellos convienen en que la tradición se recibe a través de la historia y es lo que le da sabor, autenticidad e identidad propia al movimiento cofrade, quedando relegado todo aquello que no hemos recibido de nuestros antepasados a ser etiquetado con el choquero y simpático término de trochería. ¿Pero donde se encuentra la diferencia entre tradición e invención? Al fin y al cabo todo detalle que consideramos tradicional tuvo su primera vez.

En general, entendemos que toda costumbre, para que cale y consiga estar arraigada en el saber colectivo debe haber pasado anteriormente por la prueba de la causalidad. Si nos remitimos al pasado, resulta que todo hábito que hoy parece vacío, si se le examina aisladamente, tiene origen en alguna causa inicial. Por ejemplo, toda hermandad tiene una insignia que a veces recibe el nombre vulgar de bacalao por su forma característica. En un principio puede parecer un poco ridículo hacer algo así, pero eso nadie se lo cuestiona porque todo el mundo sabe que se trata de la estilización que a lo largo del tiempo ha recibido una bandera con el escudo de la corporación recogida al asta con un cordón. Por cierto, si es una bandera, ¿cómo es que hay cofradías que no la portan como tal?… Volviendo al tema, en nuestra opinión, todo este saber tácito es el que conforma lo que los cofrades conocemos como cánones.

Otra característica que se cumple en mayor o menor medida es la del sentido común. Así, otros muchos detalles que parecen triviales, pese a no tener una causa inicial están cargados de un significado y un simbolismo especial. Volviendo a la práctica nos podemos encontrar con que las procesiones comienzan por algo tan soso como una Cruz de Guía, pudiendo hacerlo con algo más vistoso. Pero resulta que la cruz es uno de los símbolos más importantes del cristiano y nos recuerda que Cristo murió por nosotros. Podemos decir sin temor a equivocarnos que se ha hecho de un símbolo humilde verdaderas obras de arte.

Una vez hecha esta reflexión es motivo de alegría que algunas corporaciones rescaten de la historia detalles y figuras que se perdieron en el pasado. Demuestra que todavía queda gente que cree en el respeto a la auténtica tradición cofrade. Pensamos que esos detalles pueden ser los que le den un toque de distinción a nuestra Semana Mayor, apartándonos de los símiles con otras provincias que por otra parte a veces son inevitables dado que tenemos una raíz común. Aún así añoramos detalles como la jerga propia de los capataces antiguos o la participación de los sacerdotes revestidos de preste cerrando los cortejos. En cambio, uno sigue sin explicarse muchas de las escenas con las que nos encontramos en nuestros desfiles procesionales. Y qué decir de los cultos, en ocasiones con sabor artificial. De todas formas podemos encontrar el consuelo en que si realmente se trata de banalidades el tiempo se encargará de absorberlas hasta que desaparezcan por aburrimiento. O a lo mejor no…

Copyright © Rafael A. López Verdejo
Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Comparte esta entrada en menename Comparte esta entrada en digg Comparte esta entrada en delicious Comparte esta entrada en technorati Comparte esta entrada en blinklist Imprimir Imprimir

Cofradías, ¿para qué?

Publicado el 19 Febrero 2005
Archivado en El Mundo | Comentar

A buen seguro que el lector pensará que no es habitual iniciar una columna preguntándole cosas, pero no es el objeto de estas líneas interrogar por el mero hecho de hacerlo, sino para facilitar el discurrir de cada cual, un poco al estilo socrático.

Todos conocemos más o menos el origen de las cofradías de Semana Santa, ya sean gremiales, caritativas o al abrigo de una devoción arraigada en el pueblo. Son muchos siglos de existencia, con sus glorias y miserias, momentos de esplendor y periodos de crisis que llevaron a ciertas corporaciones a la desaparición. En todo este tiempo, la realidad social ha ido evolucionando, como es de esperar, de tal modo que siempre corremos el peligro de convertirnos en fósiles incrustados en las capas más profundas de nuestra sociedad contemporánea. La Iglesia misma ha ido renovándose a su ritmo, siendo el Concilio Vaticano II el hito más reciente que la sacudió desde los cimientos. Aún hoy, más de treinta años después, continúa desarrollándose y poniéndose en práctica.

A poco que uno analice se palpa sin esfuerzo que en los tiempos que corren tres son los estratos que soportan el peso de la Semana Santa como la entendemos los cofrades: el hecho religioso, el componente cultural-artístico, y el aspecto tradicional-antropológico. Es de suponer que el orden en el que los mencionamos no es gratuito, sino que a nuestro juicio tiene un algo de cronológico, pues parece natural esperar que al principio la semana santa sólo estuviera sustentada por la fe y religiosidad de los cofrades, que se amparaban en sus devociones para que les protegieran en sus trabajos o por ejemplo les guiaran en sus buenas obras. Más tarde ese mismo celo fue enriqueciendo estéticamente todo lo que rodeaba al culto, como altares, insignias o elementos litúrgicos. Por último, el tiempo y la costumbre fueron haciendo el resto hasta darle cuerpo a todo cuanto de tradición y antropológico nos rodea. Se abre desde aquí un interesante campo de trabajo para profundizar que se sale, sin embargo, de las pretensiones de esta modesta colaboración.

Retomando un poco las intenciones iniciales, y a tenor de estos precedentes, quizá debamos preguntarnos qué es lo que pintamos las cofradías y los cofrades en estos días; eso sí, sin perder de vista el mundo que nos rodea, con sus connotaciones y peculiaridades actuales. ¿Acaso pretendemos contentarnos tan solo con procesiones en las que, no nos engañemos, gran parte de los que participan están al margen de las cofradías el resto del año (y de la iglesia ni hablemos)? ¿Nos parece que tras más de cinco siglos de existencia debemos quedarnos en unos cultos cuaresmales rodeados de barroquismo para que al final sólo vayan a participar en ellos unos pocos? Un servidor, que ejerce de cofrade, cree que no. Quizá debamos empezar a dejar de mirar a otro lado, de promocionar el folclore para engañarnos a nosotros mismos. Algo que se llama Semana Santa, que se basa en la rememoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, no puede dejarse comer terreno por los postizos de la parafernalia que le rodea. Prefiero mil veces una Semana Santa menos masiva, menos popular, pero más auténtica y fiel a sus orígenes. No cabe duda de que la celebración de los días santos en las hermandades de penitencia trasciende mas allá de una fiesta exclusivamente religiosa, habiéndose convertido en una masificada amalgama de confluencias cada vez más difícil de controlar.

Para empezar a cambiar la inercia que nos mueve, pensamos que no debemos olvidar que somos parte de la Iglesia, que crecemos por tanto con ella. Debemos beber del magisterio de una institución que lleva dos mil años de existencia. ¿Nos hemos planteado qué espera de nosotros? ¿Qué espera la Iglesia de las hermandades del siglo XXI? Sin duda, debemos actualizarnos, claro está que sin traicionar nuestra historia y sin perder nuestra identidad.

La próxima vez que nos hagamos el costal, uno de estos días en los que nos pongamos el traje para asistir a nuestros cultos, o quizá cuando vayamos a llevar la túnica a la tintorería, pensémoslo… Cofradías, ¿para qué?

Copyright © Rafael A. López Verdejo
Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Comparte esta entrada en menename Comparte esta entrada en digg Comparte esta entrada en delicious Comparte esta entrada en technorati Comparte esta entrada en blinklist Imprimir Imprimir
 << 1 2 3 4 5 6 7 8 >>