Un año más

Publicado el 8 marzo 2009
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Ya estamos metidos de lleno en una nueva Cuaresma, tiempo de ayuno, limosna, oración, y por supuesto también de mucho esfuerzo y trabajo con los preparativos de cara a la ya casi inminente Semana Santa. Hace semanas que en veinticinco puntos de la ciudad, tantos como hermandades de penitencia, en las horas que se les puede robar al descanso, al ocio y a la familia, un puñado de personas trabaja calladamente para que no falte ningún detalle en los cultos ni en la estación de penitencia, amén de todo un año de acciones formativas, cultuales, espirituales y de caridad. Se nos echa encima una Semana Mayor marcada por los ecos de las celebraciones con motivo de la confirmación oficial de la coronación canónica de María Santísima de la Victoria. Sin duda se trata de una distinción a la altura de una devoción tan importante, y por la que nos unimos los cofrades participando de esa alegría. Este curso también está siendo el de la consolidación de Monseñor Vilaplana en su sede episcopal tras un tiempo de adaptación y conocimiento de la Diócesis. D. José ha demostrado con hechos y gestos que valora en su justa medida al movimiento de las hermandades de penitencia, aprecia todo lo bueno que podemos aportar, y estamos seguros de que con su cercanía y tesón poco a poco conseguirá sacarnos ese partido que hasta ahora no hemos sido capaces de hacer patente en su verdadera dimensión. Otro factor importante es que estamos estrenando legislatura en el Consejo de Hermandades, y una de las novedades que nos traerá será un protocolo de actuación ante la lluvia, una gran iniciativa que puede resultar bastante positiva, ya que en los últimos años el líquido elemento ha provocado situaciones bastante mejorables. No podemos olvidar tampoco un hecho que podríamos catalogar de histórico: la Hermandad del Perdón ha cambiado de día y realizará por primera vez su estación de penitencia en la jornada del Lunes Santo. Hacía tiempo que la opinión pública cofrade no estaba tan homogéneamente de acuerdo en un asunto constructivo como éste, y la verdad es que es generalizada la idea de que dicho cambio va a favorecer definitivamente a esta cofradía, a la que en esta ocasión estamos deseando redescubrir y recuperar para la Semana Santa. En el capítulo de las ausencias, desgraciadamente vamos a tener que incluir a la Revista “El Dintel” que, tras bastantes años, nos faltará por vez primera en los kioscos. Por último un deseo, el de que esta Semana Santa sea, tras mucho tiempo, protagonizada por un pleno de días soleados que nos permitan disfrutar de nuestras estaciones de penitencia con normalidad.

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Paz

Publicado el 16 marzo 2008
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Las imágenes marianas, por tradición, son muy dadas a lucir atributos y joyas que habitualmente conocemos por preseas. Sin ánimo de ser pesado, el origen de presea es del latín praesidium, que significa presidio. Concretamente la quinta acepción que el diccionario de la Real Academia recoge acerca de la voz presidio hace referencia a una “ciudad o fortaleza que se podía guarnecer de soldados”. Discurriendo brevemente se deduce que esas fortalezas eran preciadas hasta el punto de defenderlas militarmente, y de ahí que las preseas que portan las imágenes de la Virgen Santísima reciban esa denominación por su gran valor, que no necesariamente es siempre económico. A veces, además de joyas se trata de símbolos que hacen referencia a las cualidades de quien con esa imagen se representa. Como muestra significativa podemos mencionar el bastón de mando que porta nuestra patrona la Virgen de la Cinta, símbolo de su nombramiento como Alcaldesa Perpetua hace más de cincuenta años.

Pues bien, en estos días ha trascendido a la opinión pública que la Federación Estatal de Foros por la Memoria ha elevado sus quejas al Cardenal Amigo porque la Esperanza Macarena, de la vecina y hermana ciudad de Sevilla, porta tradicionalmente en su salida procesional un fajín de gala donado por Gonzalo Queipo de Llano, militar implicado en el alzamiento y posterior régimen de Francisco Franco. Estos individuos, que precisamente de memoria van cortos, o al menos la tienen extraordinariamente selectiva, pretenden instrumentalizar una vez más a todo lo que huele a católico para hacerse notar y promover sus oscuros fines. El señor Queipo de Llano habrá sido lo que sea, precisamente en las guerras pasan hechos trágicos para todas las partes, pero también sabemos que fue un gran defensor de su hermandad de la Macarena, promotor de la construcción de su actual Basílica en la que descansan sus restos, y defensor de las hermandades de semana santa en los tiempos en los que los verdaderamente intolerantes e irrespetuosos nos quemaban las imágenes y los templos y asesinaban a nuestros párrocos y religiosos. El fajín de la Macarena es una presea que simboliza el respeto que se le tiene a la Virgen Santísima poniendola a la altura de un general de nuestras almas, al igual que su corona denota su carácter regio teológicamente argumentado por otros más autorizados que yo.

Los católicos, y especialmente los cofrades, estamos cansados de que se nos utilice y se nos manipule con asuntos tan sumamente graves y delicados como este. Por lo general, los jóvenes de hoy no queremos saber nada de los odios y enfrentamientos del pasado. La guerra civil es posiblemente el acontecimiento nacional más trágico de nuestra historia reciente, y no queremos que nos lo recuerden a cada momento, sino que no vuelva a repetirse jamás. Así que, por favor, a los de la memoria histórica les pediría que se dediquen a tareas más edificantes y beneficiosas para la comunidad que desenterrar las diferencias del pasado, y que a nosotros los cofrades dejen de tocarnos los gladiolos.

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