De nuevo la hora
Publicado el 15 Marzo 2010
Archivado en El Mundo | Comentar
Siento una gran tristeza cuando una hermandad se ve involucrada en líos de horarios, especialmente cuando la situación se desmadra y llega hasta el punto de los laudos y las rupturas. Es muy decepcionante cuando te encuentras con un cofrade por la calle y, tras los correspondientes saludos, lo primero que te pregunta es si sabes algo nuevo sobre una hermandad que no quiere entrar en carrera oficial a cierta hora o sobre otra que no quiere pasar antes que una tercera. Parece que para muchos lo verdaderamente importante son los problemas y las polémicas cuando, sin embargo, otros lo que sentimos ante estas situaciones es pena y desazón. Probablemente esté influenciado por mi experiencia personal al haber vivido en primera persona varios episodios desagradables de laudos sobre horarios, algo de lo que guardo recuerdos ciertamente lamentables. En cualquier caso, los cofrades solemos olvidarnos de que somos capaces de “jugarnos la vida” por una hora y vivir en la total indolencia ante las cuestiones importantes de verdad. Otro gallo cantaría si nos tomáramos tan a pecho temas como el derecho a la vida o la familia.
No voy a entrar en las causas de la problemática entre el Consejo y la Hermandad del Calvario, ni siquiera he querido conocer los detalles porque esa información me parece impropio que salga más allá de las reuniones entre las partes. A este respecto, quizá tampoco haya hecho mucho bien el intercambio público de declaraciones entre los máximos responsables de ambas instituciones. Ignoro si la situación actual es fácil o difícil de solventar, pero creo que ha llegado con creces el momento de que alguien haga algo por solucionarlo. Apremia la consecución de un acuerdo que evite lo que a día de hoy parece inevitable. El tiempo es vital y, tras el resultado del cabildo extraordinario del jueves, las cosas están llegando a un peligroso punto sin retorno. Hay que evitar a toda costa que se llegue al lunes santo de esta forma porque entonces la situación será irreversible y todos saldremos perdiendo. Si malo es que se llegue a dictar un laudo, peor aun es que se incumpla. Insisto, si nadie hace nada por solucionarlo, aquí no ganará nadie, perderemos todos y se volverá a hacer un daño irreparable a la generalidad de la Semana Santa.

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir
Puertas adentro
Publicado el 8 Marzo 2010
Archivado en El Mundo | Comentar
Escribo estas lineas con la seguridad de que apenas las leerán aquellos a quienes me dirijo. Y no lo digo porque me pueda sentir rechazado, sino porque precisamente en su naturaleza está el interesarse casi en exclusividad por salir en su hermandad y, como mucho, acercarse a un par de actos de esos de cuando llegan los días más señalados. Sí, a ti me dirijo, hermano de a pie que estos días te pasas por tu casa de hermandad a retirar la papeleta de sitio para poder cumplir con la estación de penitencia. Probablemente te hayas llegado también a alguna conferencia, o a tomar una cerveza con cualquier otro como tú, reviviendo esos recuerdos de cuaresmas pasadas. Cuando te encuentres entre tus hermanos has de tener presente que algunos de ellos llevan esforzándose todo el año, no ya para hacer valer el manido y desproporcionado tópico de 365 jornadas trabajando para el gran día, sino para cumplir con todo un curso de actividades y acciones, todas ellas necesarias, encaminadas siempre a procurar el bien de la comunidad de personas que conforman una cofradía. Entre ese grupo de personas las hay miembros de la Junta de Gobierno y otras muchas que no lo son. Todas ellas al servicio de su corporación, y por tanto también sirviéndote a ti de alguna manera. No olvides que se trata de personas como tú, que por los motivos que sean encuentran tiempo para el servicio desinteresado quitándoselo a su descanso, familia y en ocasiones al propio trabajo. Ten en cuenta que éste es un papel muy ingrato y repleto de sinsabores. Ellos en cambio no esperan tu agradecimiento, pero sí que necesitan de tu comprensión. Tú hermandad, la que sea, tiene siempre las puertas abiertas para los que van a sumar. Tu ayuda siempre es bienvenida, y cuando no sea posible porque tus obligaciones no te lo permiten, has de saber que habrá otros que se encargarán de que la llama no se apague. El servicio a su hermandad es uno de los compromisos más bonitos que puede adquirir un cofrade, ya sea desde dentro o desde fuera de una junta de gobierno, eso no es lo realmente importante. En estos tiempos de desapego religioso nuestras hermandades necesitan muy especialmente de la involucración de sus hermanos en su vida cotidiana, aquí no sobra nadie. Y si por la causa que fuera no estás de acuerdo con las ideas del cabildo de oficiales, siempre puedes optar por presentar una alternativa democráticamente en el próximo proceso electoral. Algunos de vosotros, tras leer esta breve reflexión, quizá veais las cosas con otros ojos la próxima vez que acudais a vuestra casa de hermandad.

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir
Madurez
Publicado el 1 Marzo 2010
Archivado en El Mundo | Comentar
Nuestra Semana Santa tiene unos rasgos propios que la diferencian de otras foraneas. Unos dicen que las facciones tan peculiares de la imaginería de D. Antonio León Ortega, otros que la forma de andar de los pasos, algunos piensan que por los bellos rincones de la ciudad, los sonidos de nuestras bandas, el estilo de los vestidores,… Me van a perdonar, una vez más, pero en mi modesta opinión si hay algo que caracteriza inequívocamente a la semana mayor onubense es la inmadurez y desconocimiento casi absoluto por parte de todos, dirigentes y cofrades de a pie, de lo que verdaderamente significa e implica la celebración y vivencia todo el año de la Semana Santa con todas las letras. Antes de que el dedo acusador me apunte por osado, me adelanto para ponerme humildemente el primero de la lista de los ignorantes. Digo todo esto a sabiendas de que toda generalización es injusta, y así espero que se me entienda porque también tenemos la suerte de contar con personas preparadas, sensatas, humildes y juiciosas. La cuestión es que son una tremenda minoría, y cada vez hay menos de ellos con ganas de meterse en esta charca de pirañas. El sentido común no falla, a nadie le gusta involucrarse en esta ingrata empresa. Tanto trabajo y sacrificio no compensa cuando te llueven los palos y decepciones por todas lados, ya seas parte en tu hermandad, en el Consejo, o en el clero.
No puede ser que todos los años tengamos broncas y demás espectáculos que nos dejan en evidencia ante nuestros conciudadanos. La gente de iglesia somos otra cosa. Creo que ya está bien de gastar fuerzas en ver quien se lleva el gato al agua para ser más que otros, por envidias infantiles y competencias absurdas. Aquí nos conocemos todos, y estamos hablando de buenas personas en sus vidas privadas y profesionales. Los cofrades no somos unos incapaces y debemos demostrarlo. Tan sólo necesitamos de un cambio de mentalidad. Hemos de ser todos más humildes, que el mundo no empieza con nuestra cruz de guía ni acaba tras la banda del palio, hay mucho más ahí fuera. Reconozco que encontrarse con escritos como este no es agradable, pero tampoco para mí es grato tener que decirlo y no me siento especialmente orgulloso de hacerlo. En cualquier caso, decir la verdad sobre lo que uno percibe no siempre es plato de buen gusto.

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir
Cuerda para rato
Publicado el 22 Febrero 2010
Archivado en El Mundo | Comentar
Es ya el sexto año desde que estas humildes columnas son publicadas en las cuaresmas con la firma de un servidor de ustedes, gracias a la confianza depositada en mí por parte de los diferentes responsables que ha tenido para tal fin la sección cofrade de El Mundo – Huelva Noticias. En esta ocasión, en lugar de una opinión me apetece compartir unas lineas que se acercan más a un sentimiento, quizá a unas sensaciones. En todo este tiempo he tenido la oportunidad de expresarme con la más absoluta de las libertades, siempre con la firme idea de aportar, ya sean ideas, mejoras, o simples puntos de vista que quisiera pensar que no cayeron en saco roto, puesto que me basta con que a alguno de ustedes, pacientes lectores, les haya podido ayudar a reflexionar sobre aquellas cuestiones de nuestra semana santa que me parecen de interés general, o quizá un poco diferentes a los manidos discursos imperantes. En definitiva, me ha movido desde el inicio el afán de cumplir con mi compromiso de cofrade, por tanto también de cristiano, y ser fiel en todo momento a unos principios consecuentes con lo que somos, enarbolando los fundamentos básicos de caridad cristiana y carácter estrictamente constructivo. No soy precisamente una firma “mediática”, ni tampoco lo pretendo, pero me consta que pese a todo algunas de mis opiniones no han dejado impasible a más de uno. Ciertamente lamento que mis palabras puedan provocar sentirse ofendido a alguien, y más aún cuando ese no es el fin que persigo, pero no puedo hacer más que ratificarme en lo expresado hasta ahora, aunque alguno de mis propios “compañeros” en este mismo medio me haya querido “castigar” con uno de sus artículos; y todo esto lo digo con la calma y la tranquilidad que dan el transcurrir de nueve meses de silencio. Nunca pensé que fuera a hacerme merecedor en modo alguno de tamaño honor.
Agradezco profundamente la confianza que se me ha dado en este diario, no ya desde antes de iniciarse mis colaboraciones, sino desde antes incluso de la fundación del mismo, y no tengo mejor forma de corresponder que continuar escribiendo mis opiniones, en la misma linea que me ha caracterizado hasta ahora, mientras dure esa confianza y siga teniendo algo que decir. Al margen de los momentos menos agradables me quedo con todo lo bueno de estos años, especialmente las felicitaciones y muestras de apoyo por parte de cofrades y sacerdotes admirados y respetados por mí por su impecable trayectoria y sensatez, lo cual me llena de orgullo y una enorme satisfacción. Lo siento mucho si a alguien le molesta, nada más lejos de mi intención, pero a este que está aquí… le queda cuerda para rato.

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir