Monumentos
Publicado el 22 marzo 2011
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Colaboración correspondiente a la sección de opinión “Desde la acera”, en el programa cofrade de Cope Huelva, que se emite los martes a las 19:20.
Llego hoy desde la acera de El Punto para hablar de monumentos. Y no me refiero a los que andan, sino a los que descansan sobre un pedestal. Dejando a un lado los debates sobre si tal obra está mejor en otro emplazamiento, o si luce más con un pedestal elaborado, quiero centrarme en el significado propio del gesto de destacar con un monumento un concepto, personalidad o sentimiento. Anteayer se bendijo el monumento con el que la ciudad de Huelva rinde homenaje a la Virgen del Rocío. Una obra sin duda excepcional por la que me gustaría felicitar públicamente a su autor D. Elías Rodríguez Picón. No voy tampoco a discutir el merecimiento de la Reina de las Marismas respecto a tal gesto, algo fuera de toda duda, tanto por la oportunidad como por la magnificencia de la escultura.
Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente, y voy a ser de claro cristalino. Mi Virgen de la Cinta, singular abogada de los marineros, protectora de nuestras hermandades de penitencia, coronada canónicamente y ante cuyos pies se postró Juan Pablo II, inminente y felizmente beatificado; esa Virgen Chiquita que, desde tiempo inmemorial, en su pequeñito Santuario del Conquero cubre con su manto las almas de todos los onubenses y recibe las súplicas, promesas y agradecimientos de tantos miles de conciudadanos al cabo del año; la Patrona de Huelva, merece algo más que esa humilde imagen subida a la columna que un grupo de campanilleros tuvo la valentía y la dignidad de ofrecerle. Y esto no es sólo cosa de su hermandad, que ya se encarga de que se le de culto y se mantenga la devoción de la mejor manera posible, sino también del Ayuntamiento del que es Alcaldesa Perpetua, de la Diócesis a la que pertenecemos, y muy especialmente del pueblo de Huelva, en cuya mano está que se haga justicia ante quien desde hace siglos nos lo viene dando todo a cambio de nada, la Patrona de Huelva, la Virgen de la Cinta coronada.

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¿Dónde están los señores?
Publicado el 16 marzo 2011
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Colaboración correspondiente a la sección de opinión “Desde la acera”, en el programa cofrade de Cope Huelva, que se emite los martes a las 19:20.
Decía la pasada semana que vuelvo desde la acera tras varios años de ausencia. Vuelvo aunque nunca me he ido. Todo este tiempo he estado observando el panorama, por dentro y por fuera. Y por mucho que busco, no me lo explico. No los encuentro por ninguna parte. Mis mayores me hablan de una Semana Santa de antaño muy limitada, tanto por la poca participación en comparación con la de hoy, como por el poco conocimiento general y la precaria situación económica. Limitada, sí, pero con qué categoría humana. Eran unos tiempos de señores, señorío y prestigio. Y no hablo ya de dinero y rancio abolengo, que en algunos casos también los había, sino de algo más barato como es la educación o las buenas formas. Como decía, no los encuentro.
Hoy tenemos mucha literatura, estudiosos, cobertura mediática, internet… muchos ingredientes que propician un mejor y mayor conocimiento, pero… como dicen los castizos, tenemos menos detalles que un Panda. Hay mucha voluntad, porque hemos de reconocer que, en los tiempos que corren, los que se meten en estos líos tienen muchas ganas y voluntad; pero exceptuando alguna puntual y honrosa excepción, tenemos un déficit absoluto de saber estar, a nivel personal y sobre todo institucional. Vamos tan justos que apenas se da la nota suficiente para sacar la cofradía a la calle y defender unos cultos mínimamente dignos, pero poco se cae en la cuenta de algo tan fundamental como el buen trato a los hermanos, o al resto de elementos externos que rodean a una hermandad. Pasan los años, no dejo de buscar, pero todavía me sigo preguntando… ¿dónde están hoy los señores?

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