La cuestión del Santo Entierro
Publicado el 3 enero 2011
Archivado en HuelvaCofrade.com | 1 Comentario
No soy jurista, ni siquiera soy aficionado a las leyes. En cualquier caso, como un cofrade más, y por tanto conocedor de la realidad que se pretende regular, inicio una serie de intervenciones acerca de diferentes aspectos del borrador de los nuevos estatutos del Consejo de Hermandades de Huelva.
Las opiniones aquí vertidas, ya sean a favor o en contra, no son hacia los estatutos del Sr. Presidente del Consejo, ni sobre los que defiende o critica tal o cual hermandad. Me he centrado exclusivamente en el contenido del documento y los intereses generales de la Semana Santa, independientemente de los sesgos ideológicos y partidistas que desgraciadamente suelen predominar en estos debates. Mi motivación, como siempre, no es ni será el ataque a personas o instituciones, sino la crítica constructiva por el bien común.
Iniciamos la serie con un asunto que lleva muchos años sin ser tratado oficialmente como se merece. Una de las cuestiones novedosas que trata el borrador de los estatutos del Consejo de Hermandades de Huelva es la situación de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo como Hermandad Oficial de la Semana Santa de la ciudad. Antes que nada me gustaría arrojar una serie de datos para tratar de modestamente concretar, en la medida de lo posible, la situación actual antes de la reforma estatutaria.
A día de hoy se sabe que en algún momento de la historia se nombró a dicha institución como Hermandad Oficial. La única consecuencia propia de dicho reconocimiento de la que tengo constancia es que, en la tarde-noche del Viernes Santo, en su estación de penitencia, acuden de forma institucional y corporativa aquellas hermandades, autoridades religiosas, civiles y militares e instituciones que atienden a la invitación.
El conocido periodista y cofrade D. Eduardo J. Sugrañes, aporta en su libro “Historia de la Semana Santa de Huelva” (páginas 257 a 260 en la segunda edición de 1998) la siguiente información:
- En 1945 se publica en el Diario Odiel que “esta procesión ha sido declarada oficial por el Arzobispado”. [Odiel 23/03/1945, pág. 2]
- “En 1958 vuelve a ir representaciones de penitentes de las distintas hermandades tras el paso de las Angustias, para dar más solemnidad a la procesión, siendo elogiada la iniciativa”.
- “El cortejo ha seguido hasta hoy con la participación de representaciones de las hermandades, y la asistencia de las autoridades”.
- “En sesión plenaria de la Unión de Cofradías de 7 de marzo de 1988 se toma el acuerdo de estar representado el órgano cofrade en la procesión del Santo Entierro”.
- “En 2 de octubre de 1989 se tomó el acuerdo de reconocer el carácter oficial de la hermandad” (en referencia a la Unión de Cofradías).
Desconozco si hay más documentación o actos en los cuales se haya otorgado el carácter oficial a la Hermandad del Santo Entierro, aunque es más que probable. En cualquier caso, sí que tengo constancia del mencionado reconocimiento por parte del Arzobispado de Sevilla en 1945, puesto que en aquel entonces no teníamos aun entidad propia como Diócesis de Huelva. El redactor del Diario Odiel hizo uso de la expresión “esta procesión” y no “esta hermandad” o “esta cofradía”. No podemos saber si fue por desconocimiento al pretender usar como sinónimos “procesión” y “hermandad”, o fue totalmente intencionado porque el Arzobispado realmente lo que declaró oficial fue la procesión y no la institución. Éste podría ser un elemento interesante a investigar por parte de quien corresponda. Posteriormente, en 1989, la Unión de Cofradías se adhiere al reconocimiento. Queda claro que, en caso de haberlos, el resto de reconocimientos como Hermandad Oficial provendrían de organismos e instituciones civiles, y quedan por su naturaleza al margen de lo que nos ocupa, que es su situación en el contexto de los estatutos del Consejo de Hermandades.
Esto es lo que se sabe, o más exactamente, la información que más inmediatamente está disponible para el cofrade de a pie. Es innegable por tanto que lo que se pretende en el borrador no es otra cosa que reconocer un caracter que ya se otorgó en el pasado, con el objeto de articularlo y darle un poco de forma en lo referente al propio Consejo. Una vez que tenemos claro los antecedentes, deberíamos analizar qué significado tiene que una hermandad tenga el caracter de oficial, puesto que aquí me parece que está lo delicado de la cuestión. En el diccionario de la Real Academia no encontramos una acepción aplicable con total exactitud. Según la primera y segunda acepciones, que son las únicas parcialmente aplicables, el término oficial indica “que es de oficio, o sea que tiene autenticidad y emana de la autoridad derivada del Estado, y no particular o privado”, o bien “dicho de una institución, de un edificio, de un centro de enseñanza, etc.: Que se sufragan con fondos públicos y están bajo la dependencia del Estado o de las entidades territoriales”. De aquí se desprende que la Hermandad del Santo Entierro, como hermandad oficial, a lo sumo lo puede ser para una autoridad que, en lugar de la estatal, considere de esta manera a dicha institución. Se intuye que en su día el Arzobispado de Sevilla así la consideró, y bien podría considerarlo de esta manera para sí el propio Consejo de Hermandades, aunque me temo que sería un poco con calzador. No tiene mucho sentido que el órgano aglutinador y representativo de las hermandades de Semana Santa pretenda distinguir sobre las demás a una de ellas otorgandole un caracter de oficialidad, puesto que todos los miembros del Consejo tienen los mismo derechos y deberes, y se consideran iguales entre sí para la propia jerarquía eclesiástica, cuya autoridad legítima articula y vertebra el propio Consejo.
Según recientes declaraciones del Sr. Presidente del Consejo, D. Modesto Fernández, el area jurídica del Obispado ha recomendado, creo que muy acertadamente, evitar el uso de la expresión “hermandad oficial” puesto que “todas las hermandades lo son”, tomandose en su lugar la expresión “la que representa al resto de hermandades”, que es la que figura en el borrador actual que se está tratando de aprobar. Esta expresión me parece igualmente desacertada, puesto que según el sentido común y los propios estatutos es el Consejo quien ostenta la representación de las hermandades de penitencia como colectivo, y es inviable e ilegítimo por tanto que una de ellas pueda tener tal carácter, siquiera de manera honorífica.
En cuanto a la participación corporativa de las hermandades, autoridades e instituciones en la procesión del Viernes Santo que organiza la Hermandad del Santo Entierro, también podríamos realizar algunas interesantes puntualizaciones. Dicha procesión se realiza bajo la modalidad de una Estación de Penitencia. Como sabemos, y su propio nombre indica, se trata de un acto penitencial público. Tradicionalmente en España las procesiones penitenciales se han celebrado, como es lógico, manteniendo el anonimato de los penitentes. Es por ello que existe lo que llamamos el hábito penitencial o hábito nazareno, que les permite ir con el rostro cubierto. A lo largo de la historia, los antiguos hermanos de sangre que se mortificaban durante la procesión fueron desapareciendo para quedar únicamente los hermanos de luz, que son a los que hoy llamamos, además de nazarenos, penitentes, que es la palabra que se usa para referirse a quien realiza la acción de la penitencia. Teniendo en cuenta estos datos, me parece del todo inconveniente que sea éste el acto al cual deban asistir el resto de hermandades por ser ésta la oficial. Un acto penitencial debe ser algo íntimo, personal y sobre todo voluntario. En el momento en el que se participa en él de forma obligada se pierde totalmente el valor del mismo. Suponiendo que las representaciones no participasen de la referida estación de penitencia, estamos ante una incongruencia porque las personas que las forman no deberían vestir hábito nazareno sino la indumentaria que el protocolo exija, ya sea traje o chaqué. El hábito nazareno es la prenda que sirve para hacer estación de penitencia en la propia cofradía de uno, y bajo ningún concepto debería emplearse para otro fin que no sea ese, puesto que se le desprende de todo valor. Cada cosa tiene su momento y sus formas, y de esto los cofrades sabemos bastante. Es casi como si al Viacrucis Oficial asistieran las diferentes representaciones con sus hábitos de nazareno, por mucho que se trate de un acto piadoso que se celebra en Cuaresma, tiempo penitencial por excelencia.
Para resumir un poco, en mi opinión es justo reconocer que en un momento de la historia se le otorgó el caracter de oficial por un organismo religioso, en este caso el Arzobispado de Sevilla y posteriormente la entonces Unión de Cofradías. En el primero de los casos entiendo que perdió vigencia en el momento en el que se crea la Diócesis de Huelva, por lo que sería preciso que nuestro Obispado volviese a realizar dicha distinción. En el segundo de los casos, es lo que se pretende articular en esta ocasión con motivo de los nuevos estatutos. Aún así me parece fuera de lugar que se distinga a una hermandad entre las demás por parte del Consejo. El término “oficial” me parece inapropiado, así como la expresión sustituta “la que representa al resto de hermandades”. En el caso de que acabara prosperando la oficialidad de la Hermandad del Santo Entierro, la asistencia corporativa se lleva a cabo en una ocasión poco conveniente y de forma inadecuada, puesto que en el menos malo de los casos debería participarse en esa estación de penitencia al margen de la misma y sin hacer uso del hábito nazareno.
Me parece valioso, no obstante, que se trate de dar un soporte estatutario a una situación que se lleva muchos años dando sin un marco adecuado en el que sustentarse. Quizá haya una manera de encontrar una fórmula adecuada para el fin que se persigue, e incluso podría ser viable mantener las representaciones voluntarias en la procesión del Viernes Santo, aunque tan sólo sea por conservar la tradición, pero probablemente es el momento de plantearse si el modo en el que se realiza es el correcto, y sobre todo sin obligar a nadie.

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir
Verano de reflexión
Publicado el 14 junio 2010
Archivado en Inéditos | Comentar
Qué poquito nos queda para el verano. En apenas unas jornadas lo tendremos aquí. El verano es un periodo muy peligroso en lo cofrade. Se fundan cientos de hermandades, revistas, tertulias y tinglados varios que casi nunca fructifican. Se deben tan solo al calentón del aburrimiento, que bien es sabido que es de los peores enemigos del hombre. Hemos recién finalizado el curso cofrade con una crispación como hace años no se daba. El ambiente no es que esté enrarecido, es que a veces no hay quien respire de tanta tensión y malos rollos. Se han llevado lo suyo los medios, hermandades, Consejo, directores espirituales, Vicario, Obispo… me parece que en esta ocasión no se ha escapado vivo ni el de la escalera. Volvemos a las andadas, a los tiempos de enfrentamientos, disputas y egoísmos que tanto mal han ocasionado a nuestra Semana Santa. Esto no es ya una cuestión de imagen pública, que lo es, sino de salud mental, espiritual y coherencia de actos.
Tenemos sobre la mesa la eterna disconformidad de las Tres Caídas con la Carrera Oficial, problemas de horarios, problemas de faldas, la reforma de los tiempos de paso por carrera oficial, la petición de día de salida por parte de la Sentencia, la petición de cambio de día de Misericordia, el laudo y posterior expediente de Calvario, el veto oportunista y con poco sentido eclesial hacia un aspirante a candidato para hermano mayor de Pasión, … No hay ni una sola buena noticia. De todo lo relatado, o se trata de problemas en acto o en potencia, pero problemas al fin y al cabo. Como consecuencia de todo esto nos encontramos con una imagen pública tremendamente deteriorada, un ejemplo francamente negativo y dificilmente reparable de cara a la formación de los jóvenes, imposibilidad de construir y mejorar porque nuestros dirigentes prefieren ocuparse en tirarse los trastos a la cabeza, y un Obispo que supongo se siente tremendamente decepcionado y desilusionado.
Todavía habrá quien siga mirando para otro lado, pero esto es un auténtico y vergonzoso desastre. Han sido demasiados tristes espectáculos los que hemos dado este curso cofrade en los medios, los plenos, las estaciones de penitencia y en las vidas particulares de las hermandades. Llega el verano pero sigue lloviendo a cántaros en la Semana Santa. Acabaré siendo el pesado de la película, pero no me canso de decirlo: ¿es que nadie va a hacer nada para acabar con esto?

Prohibida la reproducción sin permiso del autor
Imprimir
