Quo vadis

Publicado el 22 marzo 2010
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Los grandes interrogantes que han marcado el pensar del hombre desde que la evolución nos premió con el lujo de razonar han sido, especialmente, aquellos relacionados con el quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. La enorme trascendencia de estos cuestionamientos, unido a que desgraciadamente venimos al mundo sin manual de instrucciones, dificultan que aún hoy se les haya encontrado respuesta. Los cofrades, fiel reflejo de la naturaleza humana, no somos menos y, en ocasiones, en vez de adelantar parece que retrocedemos a la hora de saber lo que tenemos entre manos y actuar en consecuencia. Ya nos fallan hasta los otrora infalibles oráculos sevillanos, que por veteranía y experiencia exportaban involuntariamente su buen hacer por estas tierras. Ahora ya te puedes encontrar por allí a un señor vestido con una túnica morada y cordón dorado, como los cristos, bailando una marcha en una iglesia hasta el punto de desnudarse el torso con el posterior aplauso del propio párroco; o que nombran pregonero a otro señor que en las entrevistas declara perlas como que no va a misa ni se confiesa porque su única religión es el Sevilla F.C., o que no se viste de nazareno porque le da alergia y claustrofobia. El que esto pase no es tan grave como la propia indolencia y hasta defensa como algo normal por parte de un grupo de cofrades que para nada es minoritario. Vivimos en unos tiempos tan dominados por el relativismo moral que ya nada es nada, sino todo lo contrario. La pérdida de sentido en la esencia de las cosas será muy moderno, pero atenta contra las propias cosas y contra el hombre en toda su dimensión. Usamos la creatividad intelectual, no ya para crear y apreciar lo creado, sino para poder ser más que el vecino aunque sea a costa de dejar de ser. Estamos teniendo que discutir cuestiones primarias que siempre se dieron por sentadas como que ser cofrade activamente es incompatible con no ser cristiano. Esto ya cansa y aburre a cualquiera.

En fin, en todo este maremagnum de sinsentidos a veces suena la flauta y suceden hechos excepcionales, por lo que aprovecho para congratularme y felicitar a D. Juan Manuel Gil García por su merecida distinción por parte del programa El Llamador de Canal Sur Radio. No es habitual este tipo de homenajes en Huelva, y con Juan Manuel se podrá estar más o menos de acuerdo, no es persona que deje a nadie indiferente, pero es innegable su valía y enorme aportación al servicio de la Semana Santa y de la Iglesia de Huelva.

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De nuevo la hora

Publicado el 15 marzo 2010
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Siento una gran tristeza cuando una hermandad se ve involucrada en líos de horarios, especialmente cuando la situación se desmadra y llega hasta el punto de los laudos y las rupturas. Es muy decepcionante cuando te encuentras con un cofrade por la calle y, tras los correspondientes saludos, lo primero que te pregunta es si sabes algo nuevo sobre una hermandad que no quiere entrar en carrera oficial a cierta hora o sobre otra que no quiere pasar antes que una tercera. Parece que para muchos lo verdaderamente importante son los problemas y las polémicas cuando, sin embargo, otros lo que sentimos ante estas situaciones es pena y desazón. Probablemente esté influenciado por mi experiencia personal al haber vivido en primera persona varios episodios desagradables de laudos sobre horarios, algo de lo que guardo recuerdos ciertamente lamentables. En cualquier caso, los cofrades solemos olvidarnos de que somos capaces de “jugarnos la vida” por una hora y vivir en la total indolencia ante las cuestiones importantes de verdad. Otro gallo cantaría si nos tomáramos tan a pecho temas como el derecho a la vida o la familia.

No voy a entrar en las causas de la problemática entre el Consejo y la Hermandad del Calvario, ni siquiera he querido conocer los detalles porque esa información me parece impropio que salga más allá de las reuniones entre las partes. A este respecto, quizá tampoco haya hecho mucho bien el intercambio público de declaraciones entre los máximos responsables de ambas instituciones. Ignoro si la situación actual es fácil o difícil de solventar, pero creo que ha llegado con creces el momento de que alguien haga algo por solucionarlo. Apremia la consecución de un acuerdo que evite lo que a día de hoy parece inevitable. El tiempo es vital y, tras el resultado del cabildo extraordinario del jueves, las cosas están llegando a un peligroso punto sin retorno. Hay que evitar a toda costa que se llegue al lunes santo de esta forma porque entonces la situación será irreversible y todos saldremos perdiendo. Si malo es que se llegue a dictar un laudo, peor aun es que se incumpla. Insisto, si nadie hace nada por solucionarlo, aquí no ganará nadie, perderemos todos y se volverá a hacer un daño irreparable a la generalidad de la Semana Santa.

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