El fin de un ciclo

Publicado el 1 Junio 2006
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Corresponde éste con el tradicional número de junio que se hace coincidir aproximadamente con la celebración de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. En esta oportunidad quiere el calendario que preceda al fin del mandato de la actual Junta de Gobierno. Se acerca por tanto la fecha del Cabildo Ordinario de Elecciones, y acaba un ciclo.

Como es de suponer, el fin del mandato del actual Hermano Mayor es motivo más que suficiente para que un servidor de ustedes ponga su responsabilidad en manos de la nueva Junta de Gobierno. Por una parte, creo de justicia no condicionar al próximo hermano mayor en la elección del responsable de este boletín. Por otra parte, tengo la firme convicción de que, también para esta humilde publicación, se ha cumplido un ciclo que debe ser continuado por gente nueva, con nuevas ilusiones y un impulso renovado. En total han sido cuatro años como máximo responsable de nuestro boletín, precedidos de casi seis años de colaboración en las labores gráficas con el equipo del anterior director, nuestro hermano Manuel J. Rodríguez Redondo.

En todo este tiempo puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que me quedo con una doble sensación. De un lado, las personas implicadas en la publicación de “Misericordia” han hecho un gran esfuerzo para que cada uno de sus números acuda fiel a su cita habitual, en su fecha, muchas de las veces contra viento y marea. Por otro lado me llevo la sensación de la frialdad, y casi me atrevería a decir que indiferencia, que este medio produce entre el grueso de los hermanos, independientemente de su condición. No obstante, creedme que nunca esto ha sido motivo para plantearme la continuidad del boletín o su razón de ser, pero no por ello ha sido ésta a veces una labora ardua y “a ciegas” al no disponer de las valoraciones de los hermanos, ni de su interés si no ha sido casi exclusivamente para ver si llegaba a tiempo a la imprenta.

En cualquier caso, y como no podía ser de otra forma, me quedo con todo lo bueno que ha supuesto para un servidor el honor de coordinar el órgano de difusión de nuestra hermandad. Le deseo suerte al próximo responsable, así como mi consejo y ayuda si en algo puede ser útil.

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Liturgistas

Publicado el 8 Mayo 2006
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Las modas en las cofradías también tienen su papel dominante. No nos debe extrañar, puesto que se trata de un fenómeno social, y como tal está sujeto a ellas. Las tendencias actuales entre los eruditos del momento incluyen inmersiones en diversos campos del saber, hasta ahora dejados un poco de lado. Queda bien y viste mucho tocar algunos temas. Uno de los que están causando furor es la liturgia aplicada a las cofradías.

Lógicamente las cofradías, como parte integrante de la Iglesia, participan de la liturgia como “celebración del Misterio de Cristo y en particular de su Misterio pascual” (CCIC, nº 218). Las cosas se complican cuando se entiende la liturgia exclusivamente como un conjunto de normas rituales. A partir de ese momento se pierde la perspectiva y se le incluye erroneamente como un subconjunto de los famosos y etereos “cánones cofrades”. Nada más lejos de la realidad. Los susodichos se conforman en gran medida por la tradición y el sentido común. En cambio, la liturgia está perfectamente desarrollada en los tratados y libros sagrados. Estamos cansados de encontrarnos cómo se hace alusión a la liturgia para normalizar circunstancias triviales, frecuentemente de índole estética, apoyándose en principios jamás escritos ni planteados por la Iglesia.

Concretando casos, y para que sepamos de qué estamos hablando, podemos citar la nomenclatura de los días anteriores al Romingo de Ramos, algunos colores en las vestiduras de las vírgenes y otras imágenes, casos puntuales del color de la cera, algunos aspectos del uso de los ciriales, el desarrollo de ciertas Funciones Principales y otros cultos en general, la aplicación de las vestiduras litúrgicas, y muchos otros casos que nos harían extendernos en demasía.

En conclusión, y aplicándo un conocido lema de la vida, si no se sabe de lo que se trata, mejor se calla uno. Dejemos de pontificar, y dediquémonos a edificar, que seguro que nos irá mejor a todos.
CCIC: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

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Iguales

Publicado el 7 Abril 2006
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Mañana es viernes de dolores. Comienzan los principales actos que conforman el culto externo de nuestras hermandades tras unos meses de preparación, tanto personal como material. En estos días de cuaresma, especialmente en las últimas semanas, el trabajo en las casas de hermandad y los templos ha sido intenso. Seguro que en todas las cofradías han vivido más o menos las mismas situaciones durante estas jornadas, especialmente me refiero a la llegada de un grupo de hermanos que sólo acuden expresamente para la estación de penitencia, mientras que el resto del año casi ni se les ve. No deja de ser curioso este grupo de personas, a las que también hay que contemplar desde el respeto. Lo que a mi me producen es una gran curiosidad por ponerme en su lugar y tratar de averiguar cómo se toma la hermandad cada uno de ellos.

Está claro que no todos disponemos del mismo tiempo libre ni soportamos los mismos problemas. En definitiva, difieren las circunstancias familiares y laborales de cada cual. En otros casos se trata tan sólo de una huida de todo tipo de compromisos que nos puedan suponer algunas obligaciones, que no dejan de ser incomodidades. Otros simplemente descuidan su fe y su militancia eclesial, y las hermandades tan sólo somos una de las facetas que abandonan.

Son muchos los motivos que se me ocurren para estos casos, y un análisis de los mismos eternizaría estos breves apuntes. Quizá de todo esto lo más importante puede ser que durante esta semana que ahora empieza los comprometidos y los menos, los de todo el año y los de sólo unos días, todos, nos unimos para que, al menos durante una semana, probablemente unas horas, podamos dar muestra y testimonio público a través de la estación de penitencia. En esos momentos, el anonimato del morrión nos hará a todos iguales, sea cual sea nuestra condición y sea cual sea nuestro compromiso personal. Nos quedamos solos ante Dios, sin adornos ni postizos. Esto es lo grande de estos días que ahora comienzan. Tanto unos como otros, espero que podamos disfrutar de una buena estación de penitencia, y que ésta no se vea afectada por la lluvia que en los últimos años no se está olvidando de visitarnos en Semana Santa.

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Pregón 2006

Publicado el 2 Abril 2006
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El Domingo de Pasión es la cita tradicional de los cofrades onubenses con el Pregón de la Semana Santa de Huelva. En esta edición le ha correspondido el honor, y la gran responsabilidad, al cofrade D. Manuel Gómez Beltrán. Parece que hoy el tiempo atmosférico ha querido respetar la mañana del pregón tras varios años en los que ha coincidido en días lluviosos que deslucieron un tanto la jornada. Eso ya es importante.

La de este año era una apuesta arriesgada por parte del Consejo, puesto que al designado no se le conocen intervenciónes en otros pregones ni actos similares a este. Era un melón por calar, más por inexperto que por conocedor. De sobra es sabido por todos la vinculación de Manolo con la Semana Santa onubense, su criterio de lo cofrade, sus gustos… Por fin llegó el día y, la verdad es que no creo que haya defraudado a nadie. Ha sido un pregón en el que ha predominado el verso, pero al que no le han faltado unos ricos textos en prosa que han conseguido tocar las fibras sensibles de los presentes. Han habido momentos de verdadera calidad, pasajes de pregón grande, de una enorme valía, que el público ha podido saborear como pocas veces.

Sin duda que ha sido un gran pregón, digno de anunciar la Semana Santa de Huelva, con el que Manolo ha sido capaz de transmitir sus sentimientos y su cariño hacia las cofradías onubenses.

Mi más sincera enhorabuena.

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